Especial para BAE Negocios

La variabilidad climática que se viene acentuando año tras año, está produciendo cambios en parámetros climáticos tales como temperatura y precipitación que están impactando fuertemente sobre los suelos y el ambiente. Así en nuestra región están aumentando en ocurrencia e intensidad los eventos extremos como sequías y lluvias torrenciales. Fenómenos periódicos como La Niña y El Niño, que provocan sequías e inundaciones en Argentina y países vecinos, se estima que aumentarán en intensidad y frecuencia. La situación consignada podrá incrementar los procesos erosivos por lluvia o por viento, la disminución de la materia orgánica (especialmente por incremento de las temperaturas), y de la fertilidad del suelo. Esta situación no es otra cosa que parte de una variabilidad climática que se ha transformado en una “constante”.

La Argentina posee más de un 75% de su territorio bajo condiciones áridas y semiáridas y un 95% de la superficie destinada a la agricultura en secano (sin riego). Las grandes llanuras productivas de nuestro país son áreas de elevada incertidumbre ambiental, particularmente relacionada con procesos de déficit hídricos que condicionan la estabilidad de los rendimientos físicos y económicos de las empresas agropecuarias. Los cambios en el uso de la tierra han alterado la dinámica hidrológica. Esta situación se visualiza claramente en el avance de la agricultura y la ganadería hacia ambientes de mayor vulnerabilidad caracterizados por lluvias escasas y de gran variabilidad interanual.

A los efectos de mitigar los efectos de la variabilidad climática se debe mejorar la calidad del proceso productivo mediante la utilización de buenas prácticas de manejo. El suelo debe convertir su espacio poroso en un verdadero silo de agua, almacenándola en períodos húmedos para poder cederla cuando falte. Para ello resulta indispensable volver a la utilización de buenas prácticas tales como la rotación y diversificación de cultivos que mejoren la estructura y contenidos de materia orgánica, utilización de cultivos que mantengan una buena cobertura sobre el suelo, siembras escalonadas y especialmente que eviten las compactaciones que reducen la infiltración y almacenamiento del agua en el perfil. Mientras utilizamos la tecnología disponible quedamos a la espera de nuevos eventos de resistencia a sequía que la biotecnología a corto plazo pondrá a disposición de los productores.

Grandes maestros como Florentino Ameghino y Antonio Prego manifestaban que “el agua hay que retenerla donde cae”, de tal manera de poder utilizarla en épocas de escasez. El cuidado del suelo, de su integridad y sus funciones constituye un componente fundamental en la solución del problema de las sequías.

* Director del Centro para la
Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua -PROSA-FECIC