Las ventas de bebidas sin alcohol en el país cayeron 15% en 2019, y profundizaron así la tendencia de los últimos años, según la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas Sin Alcohol (Cadibsa).

Este dato -elaborado en base a estadísticas del sector, correspondiente a las empresas que forman parte de la Cámara- contempla las categorías de gaseosas, aguas saborizadas, aguas con y sin gas, jugos, isotónicos y energizantes, precisó la entidad.

Según Cadibsa, "el consumo per cápita de bebidas sin alcohol viene disminuyendo en forma continua durante los últimos años como resultado de la combinación de distintos factores".

"Esto se debe principalmente a la disminución en el poder adquisitivo de los consumidores, y al impacto de la carga impositiva (49%) en la industria de bebidas sin alcohol, ya que termina afectando el precio de venta", aseguró en un comunicado.

Con relación a ello, agregó, "esa carga impositiva -la más alta del sector en América Latina- contribuye a incrementar la informalidad del sector, que se ve reflejada en el crecimiento y proliferación de segundas marcas".

Estas marcas se comercializan "a precios sensiblemente inferiores, debido a ciertos grados de informalidad con el que operan a lo largo de su cadena de valor", afirmó la Cadibsa.

Coincidiendo con este panorama, en su último informe sobre el sector, la consultora Investigaciones Económicas Sectoriales (IES) afirmó que en 2019 el segmento de bebidas sin alcohol fue el que exhibió la mayor contracción, coyuntura que afecta primordialmente a marcas líderes, ya que en ese año se reforzó el patrón que deriva consumo hacia las segundas marcas de bebidas.

En el acumulado a octubre de 2019, precisó el trabajo de IES, el consumo per cápita de bebidas sin alcohol promedió 64,4 litros, lo que significó una contracción interanual de 15,3% con respecto a igual periodo de 2018.

En 2018, la ingesta de bebidas por habitante fue de 77,1 litros, una disminución anual de 8,7%, sólo mayor a la de 2003, con lo cual fue la más baja en dieciséis años.

Así, se registra un sendero decreciente desde 2014, con un nivel de ingesta actual que está lejos del récord de 105,4 litros por habitante alcanzado en 2013.

A pesar de la caída del consumo per cápita que se registra desde 2014, la Argentina sigue siendo uno de los países con la mayor ingesta por habitante del mundo en este segmento (liderado, en particular, por el consumo de bebidas gaseosas sin azúcar).