¿Cuál es el motivo por el que en un país agroalimentario y agroindustrial por excelencia, considerado actor fundamental en el abastecimiento del país y gran parte del planeta, se definan sistemáticamente políticas públicas en detrimento de este rol? El incremento de producción en cantidad y calidad al mismo tiempo que se cuidan y usan eficientemente los recursos naturales es mandato global.

En Argentina tenemos experiencia de más de 30 años recorriendo esta búsqueda con foco en la sustentabilidad económica productiva, ambiental y promoviendo desarrollo social. Esto es resultado de una revolución que no cesa de evolucionar con adopción de tecnologías avanzadas y el sustento de una enorme red público privada de interacción y mejora continua permanente. A pesar de que el sistema de producción vigente en el país puso fin a un paradigma de deterioro en los años 80, es vapuleado permanentemente con argumentos anti-ciencia basados en ideologías o percepciones que son una gran amenaza.

El ícono elegido por estos movimientos, no solo en Argentina sino en parte del mundo, es el glifosato, un herbicida que se usa para controlar las malezas que compiten con los cultivos por luz, agua y nutrientes. Su modo de acción está relacionado con una enzima que está presente en plantas y microorganismos, ausente en animales y humanos. Su aprobación sigue las estrictas normas establecidas a nivel internacional y nacional, clasificado en la Categoría de Menor Riesgo Toxicológico (Clase IV-Banda Verde) según Senasa.

Debido a las profundas discusiones y debates que se originan alrededor de su uso, son múltiples los estudios científicos solicitados a las Agencias especializadas para tal fin en todo el mundo entre ellas la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), European Chemicals Agency y la Reunión Conjunta FAO/OMS entre otras, resumiendo que "la evidencia científica disponible no reúne los criterios para clasificar al glifosato como una sustancia CMR (carcinógeno, mutágeno, reprotóxico)".

Estas conclusiones cambiaron la votación de la mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea la semana pasada renovando el uso del glifosato por 5 años más.

Sin embargo en forma recurrente los decisores políticos, en Argentina y en el mundo, promueven su restricción de uso en nombre de la protección de las personas. Eludiendo a la ciencia y a que el reemplazo del mismo expone al uso de otros más problemáticos desde el punto de vista toxicológico y de persistencia en el ambiente.

*Coordinadora de políticas públicas para el desarrollo sustentable del Ministerio de Agroindustria