El ingenio San Isidro, ubicado en Campo Santo (Salta) fue fundado en 1760, es el primero de Argentina y uno de los más antiguos de Latinoamérica. Producía hasta el año pasado, 45.000 toneladas de azúcar orgánica, 17.000 toneladas de azúcar blanca, 12 millones de litros de alcohol para combustible y 300.000 litros de miel. El año pasado batieron récord de molienda.

Sin embargo, el 20 de enero pasado, el ingenio cerró de forma inesperada. Cuando sus 750 trabajadores llegaron fueron despedidos con un simple cartelito en la puerta. Su propietario, el grupo peruano Gloria, presentó un pedido de Procedimiento Preventivo de Crisis y los dejó en la calle pagandoles el 50% de la indemnización. Hace diez días, los trabajadores tomaron el ingenio, en lucha por la reapertura de su fuente laboral reclaman que se venda o se expropie.

El grupo Gloria entró en el ingenio en 2011, comprando el 60% del paquete accionario, que hasta ese momento era de capitales nacionales. En 2014, se quedaron con la mayoría de las acciones. Mariano Cuenca, secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados del Ingenio San Isidro (SOEASI), cuenta que ahí empezaron los conflictos laborales. "No querían cumplir el convenio colectivo, pagaban el salario más bajo de la actividad y trataban a los trabajadores como esclavos. Hicimos un paro de 45 días pidiendo que se cumpla el convenio colectivo. La respuesta fue el pedido del Procedimiento Preventivo de Crisis ante el ministerio de Trabajo provincial que lo desestimo por falta de pruebas. Querían despedir a 200 trabajadores y no pudieron".

Pese a que en 2017 se duplicó casi la producción de azúcar orgánica que exportan a varios países, cerraron. Le prometieron al gobernador salteño, José Manuel Urtubey, que venderían las instalaciones. Cuenta Cuenca que hasta hubo once empresas interesadas en comprar el ingenio, pero no lo vendieron. "Necesitamos que el gobierno intervenga en forma urgente, la zafra ya debería haber comenzado en el ingenio. Los cañeros nos esperan una semana más, sino venden la caña a otros y ya no podremos trabajar". El Papa Francisco, preocupado por la situación de las 750 familias les envió un saludo junto con rosarios y estampitas. Los trabajadores están firmes, aseguran que se quedarán en el ingenio hasta que se reabra.