Las gremiales del campo deberían llevar la próxima semana a la industria semillera su respuesta respecto de la propuesta que hicieron las empresas por el cobro de la biotecnología fundamentado en el año de corte para el uso del germoplasma. Sin embargo, la diferencia entre las entidades del campo aleja la posibilidad de que ambas partes coincidan en acercar un acuerdo al Gobierno.

La iniciativa de las compañías se concentran en aquellas que tienen el 100% del negocios del trigo. Muchas de ellas cuentan con productos que salieron a la venta en el 2007 y que dependen en un 50% de sus ingresos, con lo cual dejar de lado eso significaría un alto costo. A esto se suma la soja, para lo cual propusieron que el corte sea al 2012.

Sin embargo, para entidades como la Federación Agraria Argentina (FAA) y Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), el problema no pasa por el corte sino en el temor a las compañías busquen cobrar más allá de la ley de semillas; en otras palabras, la ley de patentes.

Esta diferencia soslayada por unos y fundamental para otros, es el problema que no pueden resolver. Las fuentes de la producción que participaron del último encuentro remarcaron la falta de seriedad que se le da al tema. Un ejemplo de esto es que los representantes de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), que en toda la reunión expusieron el corte para la soja desde el 2012, debieron enviar un mail con el título “fe de erratas”, porque se equivocaron: era a partir de 2010.

En definitiva, no habrá una contrapropuesta. Un sector del campo dejará en claro que avanza en un proyecto de ley que unifique germoplasta y evento con uso oneroso, y que todo se pague una sola vez y no en los acopios o puertos. En estas condiciones, sigue siendo difícil que las partes vayan de la mano y entreguen una iniciativa en común que satisfaga a todos por igual.