En Argentina, el trabajo independiente representa alrededor de un cuarto del empleo total. La relevancia del autoempleo se vuelve mayor en períodos de poca creación de empleo asalariado, cuando los individuos buscan maneras alternativas de generar ingresos, de acuerdo con un trabajo difundido por el Centro de Implementación de Políticas Públicas (CIPPEC).

Mientras que, en promedio, la tasa de trabajo independiente se mantiene alrededor del 25% desde 2003, se registran diferencias entre varones y mujeres. De acuerdo con datos de la EPH, 26% de los varones se declara trabajador independiente, en comparación con 19% de las mujeres Así, del total de personas que trabajan como patronas/es o por cuenta propia, 39% son mujeres. A medida que el tamaño de la empresa crece, esta proporción se reduce: solo 22% de las firmas que tienen entre 40 y 200 empleados pertenece a una mujer. La mayor prevalencia de ellos en el trabajo independiente podría estar asociada a la segmentación horizontal, prevalente en el mercado de trabajo, y las características inherentes a los sectores en los cuales se insertan varones y mujeres.

También es llamativo que la informalidad es mayor para ellas: de acuerdo con datos del Ministerio de Trabajo, el 65% de las trabajadoras independientes lo hacían de manera no registrada, frente a 59% de ellos en 2015.

Según la distribución de las/os trabajadoras/es independientes por tipo de empleo, tanto mujeres como varones se desempeñan principalmente en puestos técnicos u operativos, aunque ellas lo hacen en mayor medida que sus pares varones. La proporción de mujeres que trabaja por cuenta propia en trabajos profesionales casi duplica a los varones en esa situación, pero el porcentaje de varones que trabaja como patrón supera ampliamente a la proporción femenina. Esto podría señalar dificultades de las mujeres para acceder a un trabajo de manera independiente como empleadoras.

Nivel educativo

También resultan llamativas las diferencias en el nivel educativo de mujeres y varones según el tipo de empleo. En general, para ser empleadoras o cuentapropistas, las mujeres deben exhibir un mayor nivel educativo que los varones (Tabla 5). Esto no solo ocurre para las que trabajan como cuentapropistas profesionales, sino incluso en trabajos no calificados. Esta situación podría evidenciar la discriminación y las barreras estructurales que enfrentan las mujeres para alcanzar una participación plena en el mercado de trabajo.

Un estudio reciente de CIPPEC revela que mujeres y varones que se desempeñan como trabajadoras/es independientes declaran diferencias en las fuentes de financiamiento para comenzar un emprendimiento. Para ambos, los ahorros personales son la principal fuente de capital inicial: así lo declaran 66% de los varones y 59% de las mujeres. Sin embargo, para 16% de ellas cobra relevancia la disponibilidad de fondos del cónyuge, mientras que solo 4% de los varones declara depender de dichos fondos a la hora de emprender. Esta situación evidencia una menor autonomía económica de las mujeres.