Con el telón de fondo de un cambio cultural que hizo caer el consumo de vino hasta que la crisis lo derrumbó a su mínimo histórico en 2018, cuando se consumieron 18,77 litros per cápita, la industria vitivinícola espera levantar cabeza este año, sin la esperanza de recuperar los puntos perdidos desde 2013, cuando se consumieron 25,6 litros por persona, pero ilusionada con alcanzar los 20 litros per cápita, sentar las bases para un nuevo equilibrio en el mercado interno y establecer un piso más lógico con el consumo en otros países que producen más de lo que consumen.

Mientras los productores enfrentan los problemas habituales por las condiciones climáticas, que este año incluyeron la falta de agua y heladas, el Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA) aprovechó el relanzamiento de su página web y la creación de un nuevo logo para presentar en Mendoza un estudio de investigación y análisis con el que pretende brindar herramientas para saber cómo actuar en el mercado y qué están haciendo los competidores.

Al mismo tiempo, y a pocas cuadras, el sector cerró negocios por alrededor de siete millones de litros con compradores de vino a granel en el marco del evento internacional Argentina Wine Busines, lo que sirve para compensar la baja en el mercado interno, aunque en un momento internacional de alta competencia en el que los compradores tiran los precios a la baja.

“Para competir en el mercado internacional hay que bajar los costos e invertir en investigación y desarrollo”, describió a BAE Negocios Ángel Leotta, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). Y agregó: “por un lado hay que ir al riego por goteo y por otro a las labores semi mecanizadas o mecanizadas, pero para tecnificar tenés que tener rentabilidad o fomento bancario porque requiere inversión. Y hoy no paso ni por la vereda de un banco”.

“Hace años nos dijeron que no vamos a tomar todo el vino que hacemos, no vamos a tomar todo el jugo de uva que elaboramos y nos enseñaron que tenemos que ganar mercados y tenemos que hacer lo que nuestro país más necesita, que es exportar y traer divisas a la Argentina. Hicimos los deberes, pero tengamos cuidado, el mercado internacional no es como otros años. Los precios que manejan son de terror, uno empieza a sacar la cuenta y advertir que para tener una reposición hay que tener al menos los mismos valores que la cosecha pasada”, se explayó.

Los compradores internacionales, explicó, “estudian el mercado antes de llegar, saben si necesitás vender, si te sobra vino, si no te sobra”.

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Y, aunque se viene de dos cosechas muy malas en 2016 y 2017, que encarecieron los precios de la uva, vino sobra, por lo que la industria necesita que el mercado interno se recupere del duro golpe que recibió el año pasado.

"El consumo llegó a su piso", afirmó Daniel Rada, director del OVA, al describir la situación local. Y antes de alertar que hay mucha incertidumbre para poder proyectar a corto plazo y que aún hay que esperar a saber qué pasa con ciertas variables, aseguró que "el consumo no estará por debajo de los 840 millones de litros registrados el año pasado, pero habrá un nuevo equilibrio, más bajo que hace cinco o 10 años. Esperamos poder volver a alcanzar unos mil millones de litros anuales en los próximos años, sería lo esperable. Así, el consumo debería estar en 20 o 22 litros por persona".

La expectativa se basa en el consumo interno en otros países que también producen mucho más de lo que consumen, como el caso de Francia, Italia y España. Los indicadores están también en caída, pero en ningún caso la demanda baja de los 20 litros per cápita como en la Argentina, "un objetivo razonable", a decir de Rada.

Los datos revelan algo que pareciera lógico: el precio es una variable muy relevante. Si el vino sube 1% las ventas caen 0,7%, mientras que si la cerveza aumenta el precio un 1% el consumo de vino crece 0,6%, detalló el informe, que se ratifica en el repunte en las ventas de este año, con una mejora del precio relativo del vino gracias a que las cervezas aumentaron más.

Rava explicó que el ingreso real impacta menos que el precio. Si el ingreso cae 1% la demanda cae 0,3%, aunque al analizar el consumo cruzado se advierte que la caída del ingreso golpea más al vino que a la cerveza, que en el mismo escenario pierde menos consumo.

Leotta mostró mucha preocupación por la baja en el consumo en el mercado interno, fue lo primero que mencionó al hablar en la presentación. "No vamos a seguir cayendo", afirmó, a pesar de su certeza a la hora de analizar la situación: "la baja en el consumo pasa única y exclusivamente por el período de crisis que está pasando nuestro país".

El presidente de COVIAR imaginó el orden de prioridades que podría tener cualquier vecino camino al mercado. "No podemos pretender que compren más vino si cayeron las ventas del pan, la verdura y la carne. Se cayó el poder adquisitivo y cayó el consumo hasta en productos de primera necesidad", describió.

De enero a julio la pérdida del poder de compra se notó en la caída del consumo en envases tradicionales, que cayeron 5,2% pero no fue mayor gracias al crecimiento del vino en botella de 1 a 1,5 litros, que avanzó 30,4% y aportó el 28,1% del total de botellas vendidas, según datos de la INV.

Los números impulsan a la industria a buscar alternativas. Avanza la idea de vender vino en lata y, desde una base muy baja, tuvo un crecimiento del 77,3% el bag in box, el vino de media y alta gama que en envase de cartón de 3 a 5 litros para servirse por copa.

El vino tiene historias para contar y ahora, en medio de la crisis económica, batalla contra los cambios culturales. No sueñan, en la Argentina con volver a tiempos pretéritos ni en prodigios como el tinto de verano, en España, o el proseco italiano, que es un fenómeno en todo el mundo hasta el punto de que la oferta no puede satisfacer la demanda, pero analizan alternativas para llegar a la góndola y confían en que cuando la situación económica se estabilice el consumo vuelva a estar por encima de los 20 litros.

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