Hace ya veinte años, la emprendedora correntina Virginia Pérez creó el primer muñeco del planeta para enseñar Braille. En la actualidad, se venden a 52 dólares en países tan disímiles como Etiopía, Camerún, Polonia, Australia y México.

La historia comenzó en 2002, en la provincia de Corrientes, cuando la docente de educación especial Virginia Pérez tenía un desafío: enseñar Braille a una nena de 6 años -también llamada Virginia- que veloz e inevitablemente iba perdiendo la visión.

Luego de unos meses, decidió llevar al colegio al muñeco Braillin, con el objetivo de enseñar Braille a todo primer grado y no sólo a la niña que tenía dificultades para ver. "Pedí permiso a las autoridades de la escuela para enseñarle a los otros nenes a la par que le enseñaba a Virginia. Me parecía fundamental que sus compañeros también aprendan Braille y necesitaba un recurso especial para llamar la atención de todos los niños por igual, independientemente de su condición visual. Ahí apareció el muñeco", cuenta a BAE Negocios.

La maestra recuerda aquellas clases como un "espacio de participación e inclusión" en que gracias a Braillin la frontera entre niños ciegos y niños con visión se borraba. "Se había transformado en un puente. En una actividad compartida en la cual "Virgi", tenía un lugar central, porque no solo era la dueña del muñeco sino la que más sabía. Servía para que todos los niños aprendieran el sistema con ella. La persona con la supuesta discapacidad era la que enseñaba".

El proyecto fue tan exitoso, que a fin de ese año, ganó el primer puesto en un certamen que se realizó en la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE). La pedagoga recibió un premio monetario, mientras que el ente mandó a hacer 3.000 Braillines a China. Incluso uno llegó a manos de la reina Letizia. "Me enteré por una foto en internet y me pareció increíble", comenta.

El muñeco de su creación y confección abunda en detalles. Dedos, expresión, extremidades y rasgos. En tanto, en la parte del torso tiene puntos (como si fueran una especie de botones), con los que pueden formarse todas las combinaciones que representan las letras Braille.

A pedido

 

Pérez cierra contando que cuando la demanda es mucha tiene "gente que la ayuda", pero que mayormente trabaja a pedido y en forma personalizada. "Siempre me preguntan si puedo vivir de Braillin y contesto que más bien Braillin vive por mí. Pero sigo trabajando para que la producción crezca, más que nada porque se que puede ayudar a muchas más personas". En Argentina, el muñeco vale $6.500.

"Como el trabajo es artesanal, las características de los Braillines son tan diversas como etnias hay en el globo. Hay con todas las tonalidades de pieles, ropas y rasgos; y yo estoy en todos los detalles, desde la tela hasta las alpargatas", concluye.