En 2021, la empresa de e-commerce Bolt brillaba por su futuro esperanzador y crecía "a la velocidad de un rayo", según su fundador, Ryan Breslow. Cientos de personas se sumaron a la compañía, algunos dejando trabajos importantísimos en empresas como Google o Amazon. Los directivos de Bolt, envalentonados, ofrecieron préstamos gigantescos para que sus empleados compraran acciones de la empresa. Todo parecía ideal.

Un año después, una noticia puertas adentro impactó como un rayo: la empresa despidió a casi un tercio de sus trabajadores, y les dijo que solo tienen 30 días para pagar su deuda con la compañía.  

Muchos empleados quedaron enojados, pero la mayoría estaba confundida: ¿por qué pasó lo que pasó, si Bolt acababa de recaudar 355 millones de dólares en capital de riesgo y los inversores habían valorado la puesta en marcha en 11.000 millones de dólares? Según los informes, en abril, Bolt gastó USD 1500 millones para adquirir una criptoempresa. 

Y eso no es todo. Poco tiempo atrás, un empleado preguntó si la empresa iba a hacer recortes, viendo que otras compañías similares estaban achicando su personal en medio de una inflación creciente y una incertidumbre venidera. El CEO, Maju Kuruvilla, había dicho que no. El relato se resumía, a grandes rasgos, en las palabras de Ryan Breslow: "Bolt crece a la velocidad de un rayo". Nadie les dijo que el rayo antecedía una tormenta. 

Promesas vacías

La situación daba garantías de un crecimiento en el mediano plazo y estabilidad para los empleados de Bolt. Por eso, más de la mitad de los trabajadores se sumaron a un programa de la empresa que ofrecía préstamos personales para ejercer sus opciones sobre acciones. La confianza era total: un crédito permitía comprar títulos de una compañía creciente y prometedora, por lo que a largo plazo era todo ganancia.

De hecho, Ryan Breslow describió a la iniciativa como “el programa de opciones sobre acciones más amigable para los empleados posible”: Bolt permitiría a los empleados ejercer sus opciones de forma anticipada y potencialmente comprar más acciones en la puesta en marcha mediante la obtención de préstamos sin intereses de la empresa.

Uno de los empleados, que no reveló su nombre, contó a Wired que adquirió un préstamo por 100.000 dólares. Para él, Bolt "parecía un cohete espacial" y estaba dispuesto a correr el riesgo por la recompensa potencial. Luego, solo unos meses después de tomar el préstamo, en el chat interno de Slack apareció un mensaje del director ejecutivo. Les advirtió que se avecinaba una "reestructuración" y que debían buscar una invitación en el calendario: un grupo se uniría a una reunión con recursos humanos, lo que significa que los iban a despedir, mientras que otro iría a un "ayuntamiento", lo que significa que todavía tenía un trabajo.

Los empleados de Bolt se quedaron sin trabajo y endeudados

El empleado de los USD 100.000 fue despedido. El CEO defendió los despidos en una publicación, donde describió la necesidad de Bolt de ampliar su pista y tratar de ser rentable con el dinero que ya había recaudado. Y, para hacer eso, tuvo que sacrificar a algunas personas.

Sin embargo, ese no era el parecer de los empleados, que hace un menos de un año habían llegado a la empresa con esperanzas de crecimiento. “Vine a una startup porque estoy dispuesto a asumir algunos riesgos. A veces te arriesgas, haces lo mejor que puedes y no sale bien. Pero eso no es lo que se siente”, dijo el ingeniero de software de Bolt.

La deuda debe devolverse

El cimbronazo del despedido no fue suficiente. Según comunicó Stephanie Tan, portavoz de Bolt, un "dígito" de los 250 despedidos deben pagar los préstamos sobre opciones de acciones adquiridas. Claro que devolver 100.000 dólares no es fácil, y menos si dan un límite de 30 días como dio la empresa. 

¿Qué hacer? El empleado tenía dos opciones: devolver las acciones o conseguir el dinero. La primera lo enfrentaba a otra disyuntiva: ¿salvarse ahora o quedarse con acciones que pueden ser muy valiosas en el futuro? “Tengo que averiguar cuánto puedo pagar”, dijo.

Lo que no tuvo en cuenta este deudor fueron las advertencias de los veteranos de la industria, que alertaron que pedir préstamos para comprar acciones de la empresa era un error. “Es un riesgo significativo que no creo que la mayoría de los empleados puedan afrontar. Si la empresa falla, y obviamente muchas nuevas empresas fallan, tendrían que pagar de su bolsillo para devolver ese préstamo”, explicó Oren Barzilai, cofundador y director ejecutivo de Equity Bee, una plataforma que ayuda a los empleados de empresas emergentes a ejercer sus opciones sobre acciones en diálogo con Wired.

“Contratar a alguien, firmar un acuerdo de asociación o incluso lanzar o actualizar un producto, no eran permanentes. Podríamos revertirlos si se tratara de eso”, escribió, como si nada, el CEO de Bolt en una publicación del viernes sobre cómo construir nuevas empresas resilientes. Muchos ex empleados, penando por su desempleo y su enorme deuda, pensaron: "Si fuera tan fácil como eso..."