Cerró la cadena de panaderías Pandanés y despidió por WhatsApp a 150 empleados
Los dueños son dos daneses: Lise Lundme Funch y el ex eurodiputado Klaus Riskaer Pedersen. Llegaron a tener 25 locales, pero en las últimas horas cerraron los 20 que les quedaban.
Fin a la cadena de panaderías que había llegado en 2017 con el objetivo de "revolucionar el concepto de pan en la Argentina". A las cuatro de la mañana, los dueños daneses les enviaron un mensaje por WhastApp a los 150 empleados para anunciarles que Pandanés cerraba y pedirían la quiebra.
La impulsora de esta cadena fue la danesa Lise Lundme Funch que llegó de Dinamarca en 2007 se enamoró de Argentina y se instaló en el país. Sin ser panadera comenzó a hacer pan. En 2017, el sitio oficial asegura que "se cruza" con Klaus Riskaer Pedersen, un reconocido economista danés, que entre 1989 y 1995 fue miembro del Parlamento Europeo (eurodiputado), experto emprendedor y ambos crean Pandanés.
Poco a poco construyen una cadena de panaderías en la que la masa madre era la estrella. Llegaron a tener 25 locales y el negocio parecía tener futuro. Pero en abril de este año se supo que Pandanés atravesaba una fuerte crisis y tenía 57 cheques rechazados por más de $58 millones, comenzó a reducir su planta y empezó un ajuste de locales y personal. La empresa pidió la apertura del concurso preventivo.
Crisis y cierre de sucursales con 150 despidos
Comenzó a cerrar panaderías, bajo la persiana de Echeverría 1677, Ciudad de la Paz 2024 en Belgrano y Cuenca 3459 en Villa del Parque. Pero no alcanzaron todos los masters del ex eurodiputado para mejorar las finanzas. El viernes pasado cerraron sucursales en Villa Crespo y en Villa Devoto. En total quedaban apenas 20 locales abiertos.
Sin una charla previa con los empleados, los daneses Lise Lundme Funch y Klaus Riskaer Pedersen eligieron la peor forma de cerrar una empresa. Hasta ayer los empleados trabajaron normalmente y cuando se fueron a sus casas, los dueños fueron de madrugada a cambiar todas las cerraduras de los 20 locales. Con la tarea hecha, a las 4 de la mañana le enviaron un whatsApp a los 150 empleados y de esa forma los despidieron.
Los trabajadores amanecieron con este mensaje: "Hoy tenemos que comunicarles una noticia muy difícil. Como les contamos, Pandanés viene atravesando una situación económica muy compleja. En este último tiempo estuvimos buscando distintas alternativas para poder continuar, pero, lamentablemente, no encontramos una solución que nos permita seguir adelante.
La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante. Nuestra intención siempre fue mantener Pandanés en funcionamiento y preservar las fuentes de trabajo. Hasta último momento seguimos buscando una salida, pero lamentablemente no encontramos una solución viable".
El mensaje continuó con una advertencia para que ningún trabajador se ilusione con la idea de cobrar su indemnización: "Por este motivo, a partir de hoy Pandanés deja de operar y se solicitará la quiebra de la empresa. Esto significa que, debido al pedido de quiebra y al cierre de la empresa, a partir de hoy el 02/10 no deberán presentarse a trabajar".
Como si tuvieran un poco de empatía con todos sus trabajadores continuaron: "Sabemos que esta noticia genera angustia, incertidumbre y muchas preguntas, especialmente sobre los pagos y los próximos pasos. Entendemos que detrás de cada puesto de trabajo hay una persona, una familia y una vida que se ve afectada".
Pero el cuidado y respeto por su personal duró poco y les advirtieron: "Con la presentación del pedido de quiebra comienza una nueva etapa que ya no depende de nosotros directamente, sino de un proceso judicial. A partir de este momento, los próximos pasos se irán definiendo dentro de este proceso judicial y se nos informará por las vías correspondientes".
Luego lamentaron la inversión perdida y "agradecieron profundamente por el trabajo, el compromiso y el esfuerzo que pusieron durante todo este tiempo".
Los empleados protestaron en la sucursal de Recoleta
Los trabajadores decidieron ir a sus puestos de trabajo y se encontraron que no podían entrar. Belén trabajaba hace dos años y medio en la sucursal de Pueyrredón y Arenales en Recoleta, contó a BAE Negocios: "El 30 de septiembre recién nos terminaron de pagar el sueldo y el aguinaldo. No nos hacían los aportes a la obra social ni a la jubilación, pero si nos descontaban las sumas del sueldo. No nos dejan ni entrar a sacar nuestras pertenencias".
Erica era encargada de un local y hace 4 años trabajaba en Pandanés: "Ni yo estaba enterada de los cierres, cambiaron las cerraduras de madrugada. Somos muchos los que nos quedamos sin trabajo desde empleados, panaderos, choferes y deliverys. No es la manera despedirnos por un mensaje, no es justo".
No recibieron telegramas de despidos y saben que si la empresa pide su propia quiebra no podran cobrar las indemnizaciones. Otra trabajadora tenía su horno microondas dentro del local y tampoco se lo dejan sacar.
Pandanés no sólo vendía pan de masa madre al público, también lo distribuía a cientos de clientes gastronómicos y comercios. Los daneses no pudieron encontrarle una salida a la crisis que atravesaban y que según dijeron les hizo caer las ventas más del 50%.
En un contexto donde cae el consumo de pan y las panaderías más gourmet tratan de subsistir, Pandanés cerró para siempre.
- Com.Ven.Var. %


