Tecnología

Del boom al desencanto: la IA llegó al trabajo, pero aún hay resquemores

El desafío dejó de ser convencer a los trabajadores de usar la IA y pasó a ser demostrar que la tecnología puede mejorar el trabajo sin deteriorar la calidad

El 57% de las personas trabajadoras en Argentina ya incorporó inteligencia artificial a sus actividades laborales, dos puntos porcentuales más que un año atrás, según el estudio IA en el trabajo, realizado por Bumeran. Entre quienes utilizan estas herramientas, el 99% las considera útiles o muy útiles para sus tareas diarias.

El principal beneficio percibido es la agilización de tareas, mencionado por el 61% de los encuestados. El 60% también destacó el ahorro de tiempo, mientras que el 48% valoró el acceso rápido a la información. Además, el 42% señaló la automatización de tareas repetitivas y el 39% la optimización de procesos.

Pero la valoración positiva no significa ausencia de dudas. El 41% de los trabajadores argentinos cree que la inteligencia artificial reemplazará al trabajo humano en el futuro, percepción que aumentó cinco puntos porcentuales respecto de 2025, cuando alcanzaba al 36 por ciento.

Federico Barni, CEO de Bumeran en Jobint, señaló que el estudio muestra una integración cada vez mayor de la IA en el mundo del trabajo. Según explicó, el crecimiento de dos puntos porcentuales respecto del año anterior refuerza una tendencia sostenida, mientras que la valoración positiva del 99% muestra que la herramienta ya tiene un lugar cotidiano entre los profesionales.

Obstáculos

Uno de los principales obstáculos para una mayor incorporación aparece entre quienes todavía no utilizan estas herramientas. El 29% señala que no sabe cómo hacerlo, mientras que el 28% prefiere trabajar sin asistencia tecnológica.

El desconocimiento aparece como la principal barrera y, por lo tanto, como un problema que puede abordarse mediante capacitación. La tecnología puede estar disponible, pero eso no significa que los trabajadores sepan incorporarla correctamente a sus procesos. El 92% de los trabajadores argentinos manifestó su intención de capacitarse para no quedar atrás y mejorar su empleabilidad frente al avance de la inteligencia artificial.

La cifra cambia el enfoque sobre la adaptación tecnológica. El trabajador no necesariamente pide que la IA desaparezca, en muchos casos pide herramientas para poder convivir con ella. Esta disposición también resulta relevante frente a los datos internacionales.

Una encuesta de Atlassian a más de 12.200 trabajadores de Reino Unido, Estados Unidos, Australia, India, Alemania y Francia encontró que solo el 31% tiene acceso a oportunidades amplias de aprendizaje sobre IA.

Al mismo tiempo, el 84% considera que los ejecutivos son más propensos a concentrarse en las herramientas que en las habilidades y la capacitación. El riesgo es que las compañías interpreten la IA como una inversión exclusivamente tecnológica.

Una empresa puede incorporar una herramienta capaz de generar textos, analizar información o automatizar procesos, pero la productividad dependerá también de que sus empleados sepan formular instrucciones, revisar resultados y detectar errores.

(Im)productividad

Los trabajadores argentinos identifican al ahorro de tiempo como uno de los principales beneficios de estas herramientas. Sin embargo, los estudios internacionales muestran que las empresas pueden utilizar ese tiempo liberado para aumentar las expectativas sobre sus empleados.

Una encuesta de Beautiful.ai a 1.200 personas encontró que el 54% considera que las expectativas sobre su puesto aumentaron debido a la IA. Otro 37% afirmó que las empresas les piden dedicar tiempo a tareas que no corresponden a sus funciones habituales debido a las nuevas expectativas vinculadas con la tecnología.

El mecanismo es sencillo. Si una herramienta permite realizar una tarea en menos tiempo, la empresa puede utilizar esa capacidad para reducir la jornada necesaria para completarla. Pero también puede exigir que durante ese mismo período el trabajador haga más cosas.

Los datos de Atlassian refuerzan esta tensión. El 49% de los trabajadores encuestados considera que los resultados de la IA no alcanzan de manera confiable un nivel elevado de calidad. Otro 48% afirma que algunas tareas se realizan más rápido, pero que la calidad se deteriora. Si una respuesta generada por IA necesita una revisión extensa, la empresa debe contabilizar también ese trabajo humano.

La tecnología puede producir más contenido en menos tiempo, pero no implica producir mejor.

Temores

Por otra parte, la percepción sobre el futuro del empleo empieza a moverse con más rapidez que la adopción de la tecnología. El 41% que cree que la IA reemplazará trabajo humano representa un aumento de cinco puntos en apenas un año.

El temor no se distribuye de la misma manera entre las actividades. Tecnología y Sistemas aparece como el sector percibido como más vulnerable: el 72% de los encuestados considera que la IA podría reemplazar esos puestos en el futuro.

Le siguen Marketing y Comunicación, con el 60%; Administración y Finanzas, con el 48%; Educación y Recursos Humanos, ambos con el 35%; y Comercial, con el 29 por ciento.

En el otro extremo aparecen actividades con una mayor presencia de trabajo físico. Solo el 8% identifica a Construcción como un sector susceptible de reemplazo y el 9% menciona Petróleo.

Automatizar tareas tampoco equivale necesariamente a eliminar puestos completos. Un trabajador puede conservar su empleo y, al mismo tiempo, modificar una parte sustancial de las actividades que realiza. Ese proceso será determinante para entender el impacto de la IA sobre el mercado laboral argentino.

La decepción aparece cuando una empresa incorpora herramientas sin ofrecer capacitación suficiente. Se profundiza cuando la velocidad aumenta, pero la calidad no acompaña. Y se vuelve más concreta cuando los trabajadores perciben que una tecnología útil para sus tareas también puede convertirse en una amenaza para sus empleos.

Un nuevo contrato social

España ofrece un ejemplo de cómo esta discusión puede pasar de las empresas a la política pública. La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) estimó que la inteligencia artificial podría destruir entre 1,7 y 2,3 millones de empleos en España entre 2025 y 2035.

Una parte importante del impacto puede producirse mediante la sustitución de tareas y no necesariamente a través de una pérdida neta equivalente de puestos de trabajo. La diferencia es central: una economía puede automatizar determinadas actividades y, al mismo tiempo, crear nuevas ocupaciones asociadas con la tecnología; pero el problema consiste en determinar si los trabajadores desplazados cuentan con las capacidades necesarias para ocupar esos nuevos puestos.

El ministro de Economía y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, anunció el trabajo sobre un nuevo contrato social alrededor de la inteligencia artificial, con participación de los agentes sociales y del ámbito académico. El objetivo es preservar la confianza y colocar la seguridad de las personas en el centro del proceso de transformación. Su impacto puede ser favorable en el diagnóstico médico, la reducción del costo de los ensayos clínicos, la educación personalizada, la investigación científica y la predicción climática.

Aunque abre riesgos vinculados con el cibercrimen, la desinformación, la manipulación y la dependencia de terceros para el manejo de datos o infraestructura crítica. El debate, entonces, va más allá de decidir si la inteligencia artificial es buena o mala. Consiste en definir bajo qué condiciones se incorpora.

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