La mansión de Franco Macri en Barrio Parque se vende por USD 6 millones
La Casa Salvadori, ícono del racionalismo en Palermo Chico, sigue en venta tras años de ajustes de precio. Tiene 1.280 m², 12 baños y un entorno diplomático.
La casa, construida hace más de ocho décadas, se levanta en una cuadra de Eduardo Costa donde el tránsito parece amortiguado por los árboles y las rejas bajas. La propiedad que perteneció a Franco Macri volvió a quedar expuesta en el mercado inmobiliario porteño, con un valor actual cercano a USD 6 millones, después de una serie de rebajas que acompañaron el movimiento del segmento de lujo.
Un barrio diseñado para pocos
Barrio Parque -también conocido como Palermo Chico- conserva una lógica urbana que lo distingue dentro de la Ciudad de Buenos Aires: baja densidad, trazado irregular y casas aisladas que priorizan el silencio. En ese entorno conviven residencias privadas con sedes diplomáticas. En las inmediaciones de la propiedad aparecen embajadas como las de Irán, Haití, Arabia Saudita, Indonesia y Polonia, además de referencias culturales y comerciales como el Malba, la avenida Figueroa Alcorta y el Paseo Alcorta.
Desde la comercialización, la inmobiliaria describe el área como un enclave que combina tranquilidad residencial con cercanía a circuitos gastronómicos y culturales, un rasgo que explica el interés de perfiles institucionales o inversores extranjeros.
De USD 8,9 millones a USD 6 millones
La casa salió al mercado por primera vez en 2019 con un precio de USD 8,9 millones. Tres años después, la familia del expresidente Mauricio Macri ajustó la cifra a USD 8 millones. En una etapa posterior se ofreció a USD 5,5 millones. Hoy, con un mercado que empezó a reacomodarse tras la caída pospandemia, el valor se ubica en torno a los USD 6 millones.
Según el broker, ese monto "está cerca del punto de equilibrio entre el valor aspiracional, por su peso arquitectónico e histórico, y lo que los compradores están dispuestos a pagar según la lógica del mercado".
Arquitectura racionalista y protección patrimonial
La Casa Salvadori fue diseñada en la década de 1940 por el arquitecto Antonio Ubaldo Vilar, una figura central del racionalismo en Argentina. Su impronta se reconoce en las líneas rectas, las superficies blancas y una composición sobria que contrasta con otras residencias más ornamentadas del barrio.
El inmueble cuenta con catalogación APH de Protección General, lo que implica restricciones para preservar su integridad arquitectónica. Esa condición asegura la conservación de sus valores originales dentro del tejido urbano.
Cómo es la casa por dentro
La propiedad suma 1.280 metros cuadrados cubiertos distribuidos en cuatro plantas. La organización interna permite usos residenciales, institucionales o mixtos, un aspecto que amplía el universo de posibles compradores.
La planta baja concentra el ingreso principal con hall y ascensor, una sala de reuniones, oficina con baño, estacionamiento cubierto para dos vehículos y áreas de servicio independientes.
El primer piso funciona como núcleo social: comedor principal, living, sala de lectura, bar, cocina, comedor diario y un dormitorio con balcón. En el segundo nivel se despliega el área privada, con un living íntimo, la suite principal con hall y vestidores, cinco dormitorios adicionales, baños completos, una cocina secundaria y terraza.
El último piso completa el recorrido con un escritorio, un amplio salón de estar, gimnasio y una terraza con parrilla. La circulación vertical se resuelve con dos ascensores -uno principal y otro de servicio- y dos escaleras.
Un mercado selectivo
La permanencia prolongada de la propiedad en venta responde a la lógica del segmento al que pertenece. Se trata de operaciones con alto grado de selectividad, donde intervienen empresarios, fondos de inversión o compradores internacionales que buscan activos singulares.
En el mismo corredor, a pocas cuadras, el fundador de PayPal y Palantir, Peter Thiel, adquirió recientemente una propiedad de unos 1.600 m² por cerca de USD 12 millones, frente a la casa de Susana Giménez. Ese movimiento reactivó la atención sobre el mercado premium de la zona y reconfiguró el tipo de demanda que puede captar una propiedad como la Casa Salvadori.
Desde la vereda, con 45 metros de frente, la casa mantiene su perfil bajo: muros blancos, líneas limpias y una escala que no necesita imponerse. En un barrio donde todo parece medido, la arquitectura sigue hablando en voz baja.
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