El viernes 20 de noviembre concluyó la segunda misión del FMI, que tuvo el objetivo de comenzar las primeras conversaciones formales para impulsar un nuevo programa. La importancia que reviste el nuevo acuerdo es difícil de soslayar: constituye el principal catalizador positivo en términos de mercado, y representa una oportunidad inigualable para presentar un plan de estabilización de la macro. Por eso, decidimos dedicarle el informe de esta semana a intentar pensar en qué puede consistir el mismo.

Nuestra proyección es que el nuevo programa será una versión diluida del “Plan Sandleris”: tendrá metas de agregados, aunque menos exigentes debido a que todavía habrá un nivel no menor de dominancia fiscal. Si bien este esquema debería implicar un aumento en las tasas de interés de por lo menos 10 puntos, no pensamos que se vaya a imponer un piso de tasa tan alto como en aquel entonces, dado que hoy el nivel de pasivos remunerados es casi el doble medido en dólares. En el plano cambiario, el acuerdo tenderá a una liberalización gradual de las restricciones cambiarias, lo que debería derivar, al menos inicialmente, en algún ajuste controlado de la paridad oficial que reduzca la brecha a niveles más sostenibles. Por último, en lo fiscal, el programa exigirá una consolidación más exigente que el Presupuesto, pero con una meta de déficit primario que todavía es un poco mayor que 3,0% del PBI.
 
 
En términos de mercado, los resultados del “Plan Sandleris” fueron muy buenos, con todas las referencias de pesos ganándole por mucho al tipo de cambio libre (se destaca la performance de los bonos Badlar) y con el Merval mostrando una subas interesante en dólares. Si esperamos algo parecido (aunque diluido) desde la macro, no deberíamos descartar un escenario de mercado como este, sobre todo porque se parte de valuaciones muchísimo más castigadas y porque, además, podría solaparse, más adelante, con novedades positivas desde lo electoral.
 
Dicho esto, creemos que todavía hay un largo y sinuoso camino antes de que se materialice el acuerdo. Las negociaciones todavía continúan y todo indica que los próximos dos meses, aun sin acuerdo, serán intensos en términos de inflación y brecha. Recomendamos un posicionamiento táctico cauteloso a la espera de lo que creemos que podría ser un catalizador positivo de mercado.