Por Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challu, Lic. Oscar Carreras y Lic. Walter Romero con locución de Ivan Zimberlin.
 

El titulo viene al caso pues, hace más de dos años en “Ay Patria Mia” caracterizábamos así la situación por entonces imperante: “La Argentina de mayo de 2018 se enfrenta a un escenario en el que convergen los desequilibrios fiscales de 1989, que terminaron con la gestión de Raúl Alfonsín, con los del sector externo de 2001(que significaron la conclusión del gobierno de Fernando de la Rúa), por lo que ambos fenómenos se potencian mutuamente generando las condiciones de supercrisis"

Pocos días después, en “La Supercrisis se ha materializado”, verificábamos y agregábamos al diagnóstico que el desequilibrio del sector externo generaba, a partir de la caída de la demanda de la moneda doméstica, los incentivos para la agresiva dolarización de las carteras de inversión.

De como se había llegado a ese punto dimos cuenta en “Llegó la Supercrisis evitemos la Hipercrisis”  donde señalábamos:

  • Que, al inicio del gobierno de Cambiemos, “la duplicación del precio de la canasta alimenticia (mediante la devaluación del 60% de la moneda y la eliminación o disminución de las retenciones a ciertas exportaciones), licuó el poder adquisitivo de los ingresos populares, disminuyendo la demanda en el mercado interno y desplomando la economía”.
  • “…ello pretendió ser subsanado a través del aumento del gasto público, por lo que, recaudando menos y gastando más, comenzó el sendero de duplicación del déficit fiscal, recurriendo al crédito externo para su financiamiento” y,
  • “… la utilización de Letras Bancarias (para esterilizar los pesos sobrantes en el mercado, generados a partir de las compras que realiza el BCRA de los dólares obtenidos por el endeudamiento externo del tesoro) por las que se pagan onerosas tasas de interés, espiralizó el déficit cuasifiscal, que sumado al rojo de Nación, Provincias y Municipios determinó un Déficit Fiscal Total (DFT), para el 2017 de 11 puntos porcentuales del PBI”.
  • El pésimo manejo de la economía que caracterizó al “mejor equipo de los últimos 50 años” hizo que la caótica situación se trasladara sin solución de continuidad, a la nueva gestión en diciembre de 2019.

 

La Supercrisis continúa

Pues bien, aquellas lluvias trajeron estos lodos y el nuevo gobierno se encontró con:

  • agudos desequilibrios macroeconómicos, de los cuales la hoja de balance del Banco Central, con sus escasas reservas, es tan solo una consecuencia,
  • una deuda externa con vencimientos acumulados en el corto plazo que resultaban impagables
  • la economía en recesión
  • inflación espiralizada
  • deterioros patrimoniales en las personas jurídicas y humanas e
  • índices inadmisibles de pobreza e indigencia.

Con este marco la gestión entrante decide la promulgación, en diciembre de 2019, de la “Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el Marco de la Emergencia Pública” en un intento de remediar el contexto encontrado.

Pero ya al poco de andar, en febrero de 2020, la insuficiencia de los instrumentos diseñados comenzaba a manifestarse. Y “sobre llovido mojado” irrumpió la pandemia del Covid 19 en estas tierras.

Ante las decisiones tomadas por el actual oficialismo plasmadas con el “Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio”, en “Respirar y también comer”, señalamos:

  • “…que, así como hay poblaciones expuestas a mayor riesgo en términos epidemiológicos, también existen las que padecen vulnerabilidades extremas ante cualquier trastorno de la vida económica” y,
  • “… que la protección simultánea de todos los segmentos poblacionales amenazados requiere de procesos decisionales multidisciplinarios, pero, esencialmente, del adecuado balance en la intersección entre las ciencias de la salud y las económicas”.

Intentando, con estas recomendaciones, que no se perseverara en una falsa dicotomía entre salud y economía. Pero ello no fue así y las consecuencias están a la vista:

  • récord de caída en la producción,
  • pobreza e indigencia en acelerado crecimiento sobre las heredadas y,
  • una tasa de desocupación que, correctamente calculada, manteniendo razonablemente constante la Población Económicamente Activa (PEA), estaría en el orden del 30%.
  • Y para “completar el paisaje” un proyecto de ley de presupuesto 2021 absolutamente inconsistente con la coyuntura económica social, panorama que no es modificado por las medidas, reconocidas como coyunturales, anunciadas el pasado 1 de octubre.

Esto se visualiza palmariamente en el gráfico que compara los Déficits Fiscales Totales (DFT) del Sector Público Argentino (SPA) para el periodo 2015-2021.

Estimación del déficit fiscal total del sector público argentino en % del PBI 

En él destacamos la permanencia de un déficit fiscal total del sector público argentino del orden de los 10,1 puntos porcentuales del PBI que impondrá serias restricciones pues, la actual economía devastada imposibilita su financiamiento, transformando en imprevisible el devenir. Asimismo la reducción de 10,19 puntos porcentuales a 6,13 p.p. del déficit primario Consolidado (DPC) se explica, en buena parte, por una reducción de 3,8 p.p. de los asociados a la atención de la pandemia del Covid 19

Evitemos la Hipercrisis

La responsabilidad primaria y mayor de que esta opción no se materialice le cabe al Poder Ejecutivo y solo lo conseguirá si cambia decididamente el rumbo, enfrenta la supercrisis y busca, con empeño, los equilibrios fiscal y externo.

Pero, al mismo tiempo, es responsabilidad del conjunto dirigencial intensificar los esfuerzos para que la modificación ut supra señalada se materialice, indicando los errores y proponiendo planes superadores.

Ahora bien, también le corresponde a la representación política, económica y social buscar los consensos necesarios para evitar que la Supercrisis derive, por su irresolución, en un proceso anómico o de Hipercrisis.

Aun “la suerte no está echada” pero los tiempos para que la voluntad política se imponga a “la realidad de los hechos” se estrechan, por lo tanto, hoy como ayer volvemos a desear que el suspiro de “Ay patria mía”, se transforme en un grito de esperanza.

Lic. Guillermo Moreno,  Lic. Pablo Challu,Lic. Oscar Carreras y Lic. Walter Romero con locución de Ivan Zimberlin.