Ahora que Space X y Elon Musk han llamado la atención del mundo, sería bueno recordar cómo, en 1996, Argentina hacía su debut en la carrera espacial, aprovechando el podio que había dejado vacante la recientemente disuelta URSS. El Presidente, Carlos Saúl Menem, daba cuentas de esta iniciativa con un alentador discurso en Tartagal, Salta: "Dentro de poco tiempo se va a licitar un sistema de vuelos espaciales mediante el cual desde una plataforma, que quizá se instale en la provincia de Córdoba, esas naves van a salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera, y desde ahí elegir el lugar a donde quieran ir, de tal forma que en una hora y media podremos estar desde Argentina en Japón, Corea o cualquier parte del mundo”.

Ímpetu y planificación no faltó: hasta se tuvo el recaudo de detallar dónde, quizás, se instalen las plataformas. Por supuesto que, en materia de viajes espaciales, él puede no haber hecho todo, pero que hizo mucho, nadie puede negar. Seguramente pocos de los que se encontraban escuchando el discurso habían sido capaces siquiera de subirse a un avión alguna vez en su vida, y ya les hablaban de viajes estelares. Con que les hubieran prometido que en el 2020 iban a poder usar al menos una low-cost ya alcanzaba. Igual no les vamos a cortar las alas todavía, la esperanza es lo último que se pierde, dicen.

Finalmente, por cuestiones del destino, el plan quedó trunco y lo único que levantó vuelo en los años subsiguientes fue el riesgo país. ¡Ese sí que se fue a la estratosfera! Y como para no perder la costumbre, hoy le estamos haciendo el revival 20° aniversario. De todas formas, a pesar de haber pedido una gran oportunidad, creo que nos sacamos un problema de encima: hubiese sido la excusa perfecta para que Aerolíneas Argentinas pierda otros 500 palos verdes anuales, total, ¿qué le hace una mancha más al yaguareté? -Ya que los tigres son rayados, aprovechemos a promocionar fauna local-. Imaginen además el sindicato de astronavegantes al mando de Biró. Otra que ir a buscar barbijos a China, atendeme esa épica: el pecho inflado como precio de licitación pública. 

Por suerte para nosotros, invertir en bolsa no es ciencia espacial, a pesar de que para muchos lo parezca. El proceso de abrir una cuenta comitente varía de agente en agente, sin embargo, en general no tiene costo, se puede hacer desde la web o el celular y no debiera tomar más de cinco minutos. Muchas de estas casas tampoco exigen mínimos, por lo que no se necesita disponer de una gran fortuna para empezar. La idea de que la bolsa es para una especie de elite financiera quedó desterrada hace ya bastante, aunque se siga promocionando, quizás para dar un aire de falsa grandeza.

Otra percepción errónea que suele aparecer es que la bolsa es timba y por lo tanto no merece atención, salvo sea para usarla de chivo expiatorio en alguna campaña política. No es extraño en un país que ha sufrido toda clase de males financieros: desde el cimbronazo posterior al fin de la tablita cambiaria de Martinez de Hoz, pasando por el plan Bonex, la pesificación asimétrica del 2002 y las recientes elecciones PASO, que marcaron nada más y nada menos que una caída del 48% en dólares, segunda a nivel mundial desde que se tiene registro, según la agencia Bloomberg.

Sin embargo, la bolsa en sí no es buena o mala, sino que depende de las decisiones que tome cada uno, como todo en esta vida. Los quilombos del mercado bursátil son los quilombos del país, y no podemos pretender que a este pequeño extracto de realidad le vaya mejor que al conjunto. Su mala reputación es exagerada, y en todo caso es más apuntada por ser más visible: el poder ver el minuto a minuto no ayuda. Cuando uno compra un inmueble no revisa su precio permanentemente, a pesar de que la cotización fluctúa todos los días. Es sólo cuestión de comprender los riesgos y bajar la ansiedad. 

Además, ¿cuántas inversiones seguras puede haber en un país donde la gente prefiere guardar los dólares abajo del colchón en vez de tenerlos en el banco? ¿Cuán seguros fueron los plazos fijos en el 2001? ¿Y los dólares en caja de seguridad del Rio de Acassuso? En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores. En ese contexto, ¿cuánto más riesgo añade invertir en bolsa? Recordemos que hasta el momento es el único sector del sistema financiero que no ha sufrido confiscaciones: los valores bursátiles se encuentran siempre a resguardo, y ese es un detalle no menor.

Cualquier inversión tiene riesgos, se trata en todo caso de la adecuada gestión de los mismos. Luego habrá instrumentos que podemos no utilizar, pero en un país como el nuestro, lo que menos podemos hacer es cerrar puertas sin siquiera explorarlas. Cuesta desprenderse de los prejuicios, pero es necesario si en algún momento se pretende la independencia financiera. Yo ya di el paso, pero la gran mayoría de argentinos aún no. ¿Ustedes se animarían?

Como decía un amigo: Síganme…

*Disclaimer legal: Tenga en cuenta que existen riesgos asociados con la inversión en valores, incluida la posible pérdida de capital, de conformidad con la Norma FINRA 2210 (d)(1)(A)

* Analista Bull Market Brokers