"Eso que llaman amor, es trabajo no pago", advierten los feminismos cuándo se intenta suavizar o justificar las tareas que realizan las mujeres en sus hogares por supuesto "amor a su familia". Pero lo cierto es que en Argentina, la distribución desigual del trabajo doméstico no remunerado tiene un impacto negativo en los ingresos, el acceso al empleo y el desarrollo de una vida autónoma de las mujeres. Con la pandemia, la carga de estas tareas se multiplicó y aceleró la urgencia de políticas públicas que transformen lo “privado, familiar y femenino” en un asunto público, social y de todos los géneros.

En este contexto, el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad comenzó a redactar un anteproyecto de Ley para la creación de un Sistema Integral de Cuidados con Perspectiva de Género con el objetivo de “ofrecer servicios de cuidado” desde el Estado para que el peso de estas actividades no recaiga “solamente en las familias”.

La iniciativa buscará proveer desde el sector público servicios de cuidados para primera infancia, personas mayores y con discapacidad (como pueden ser centros de día o de desarrollo infantil) así como también promover políticas para los varones tengan mayor responsabilidad para realizar las tareas de cuidados; que estas sean reconocidas como un trabajo; y medidas para la protección social de las personas que trabajan en áreas de cuidado. 

Durante la emergencia sanitaria, la economía del cuidado no estuvo en cuarentena. Así lo afirmó la ministra de las Mujeres, Elizabeth Gómez Alcorta, al presentar la primera reunión para la redacción del anteproyecto. 

La titular del MMGyD, Elizabeth Gómez Alcorta, encabezó la presentación del anteproyecto de ley

“Este sector económico puede tener un rol central en la pandemia y pospandemia. Es uno de los sectores que más aporta “invisiblemente” a la generación de riqueza en el PBI,  pensamos a este sector y a la ampliación de políticas en el tema como una fuente de empleo hacia el futuro, como una inversión que incluso le ahorra al Estado futuros gastos que aparecen cuando estas políticas no están y como un aporte central a la economía que realmente nos importa: aquella que mejora la calidad de vida”, amplió. 

Se creó una Comisión Redactora que tendrá ocho meses para terminar el anteproyecto y en ese tiempo recibirá en instancias consultivas a centrales y organizaciones sindicales del mundo del cuidado y continuará el trabajo con organizaciones feministas, de la primera infancia, de la vejez, de la discapacidad, de la economía popular, del sector empresarial, entre otras. 

“Se trata de crear instrumentos en el Estado para proporcionar recursos, tiempo e infraestructura para que esos cuidados se provean socialmente y no solo familiarmente. Porque sabemos que en ámbito familiar, son las mujeres las que se encargan en su mayoría de realizar estas tareas. Y eso impacta en la autonomía económica, la brecha salarial y produce feminización de la pobreza”, explicó la directora nacional de Políticas de Cuidado, Lucía Cirmi Obón, a BAE Negocios.

La desigualdad es estructural y se puede ver en cifras, nueve de cada 10 mujeres dedican al menos 6,4 horas al día a las actividades domésticas no remuneradas. En cambio, sólo el 57% de los varones realizan este tipo de tareas y cuando lo hacen, ocupan la mitad del tiempo, 3,4 horas diarias, según un informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (DNEIyG)

¿De qué tareas se trata? hacer las compras, cocinar, la limpieza del hogar, el cuidado directo de otras personas (niños, niñas, personas mayores, personas con discapacidad que requieren apoyo); la coordinación de horarios y traslados, las tareas comunitarias; entre otras. Es decir: las labores que sostienen la reproducción de la vida y que distribuidas de forma inequitativa quitan tiempo a las mujeres para desarrollarse profesional y laboralmente, para salir a buscar empleo, para la actividad política, el descanso, el ocio, entre otros.

"Eso que llaman amor" tiene efectos en la autonomía económica

El impacto es, en su mayoría, económico. Para la economista y funcionaria, uno de los principales efectos que tendrá la creación de un sistema estructural de cuidados será en la brecha salarial de género, que hoy se ubica en 29% para los ingresos registrados y se acelera al 35% para los informales, ya que se explica “en gran parte por las tareas reproductivas que ocupan una buena parte del tiempo y dejan menos espacio para las horas de trabajo remuneradas”.

“Con el reconocimiento social, las tareas de cuidado se jerarquizan. Sucede muchas veces que, en lo laboral, a nosotras no nos dan los ascensos porque se espera que en algún momento nos vayamos a cuidar. Las políticas de tiempo sólo están armadas para nosotras y en la medida que se configuren en pos de todas las identidades de género, o sea, para los varones también, esto va a hacer que la probabilidad de movilidad laboral sea la misma para todos”, analizó Cirmi Obón.

A mediano plazo, el proyecto buscará “reducir la feminización de la pobreza” porque “los hogares más pobres del país son los que tienen más trabajo de cuidados, tienen más horas dedicadas y esto ocurre en parte porque no pueden acceder a servicios de cuidado a los que sí lo hacen las mujeres de altos ingresos que pueden pagar una trabajadora de casa particular o una guardería”. 

De acuerdo al Indec, las mujeres jóvenes son las que sufren la mayor tasa de desempleo, 28,5% y cuando son madres, están al frente de los hogares más pobres: del 27% del total de hogares monoparentales con menores de edad, el 66% están por debajo de la línea de pobreza y el 60% de estos tiene jefatura femenina. “Queremos que las mujeres encuentren una provisión pública de estos servicios”, aseguró la integrante del MMGyD.

Lucía Cirmi Obón, directora nacional de Políticas de Cuidado

Violencia y colectivo LGBTIQ+

En línea con la posibilidad de cambiar el eje de las políticas de lo “familiar” y “privado” a lo “social” que “incluya a todas las identidades de género”, para Cirmi Obón la estructura de cuidados posibilitará que las familias diversas “tengan el mismo derecho” que la familia tipo a acceder a este tipo de políticas.

“Sólo cuatro de cada 10 familias en el mundo cumple con el esquema mujer, varón, hijos. Hay muchas personas que al contar acerca de su identidad de género u orientación sexual, son excluidas y pierden el acceso a la red de cuidados familiar. Cuando las políticas públicas se arman en clave social, se piensan al alcance de todos poniendo en valor también el cuidado de pares que es un pilar en la comunidad trans”, detalló la directora nacional.

Por otro lado, se refirió a las mujeres o diversidades en situación de violencia de género y aseguró que “en muchos casos, las mujeres dependen económicamente de sus parejas porque están cuidando” y en la medida que haya “menos carga de cuidados, también es más fácil pensar en un proyecto de vida autónomo”.

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