Una luna de miel de cien días seguida por el infierno en la Tierra, con varios errores no forzados y algunos nada despreciables logros de gestión. Así puede resumirse brevemente el primer año de gobierno de Alberto Fernández.

El 2021, con las elecciones de medio término como eje central, requerirá de un rebote de la actividad pero también de varios reajustes que van más allá del gasto público y que deberán abarcar tanto la relación de la fórmula presidencial como el Gabinete y la política comunicacional.

Fernández-Fernández 2021

En el plano sanitario, la superación de la pandemia. En el plano económico, la reactivación. En el plano político, la gran tarea pendiente del primer año de Alberto Fernández fue encontrar un modo virtuoso de relacionarse con su vicepresidenta sin debilitarse a sí mismo.

Este no parece un desafío fácil de resolver, sobre todo si se tiene en cuenta que cada uno de los analistas consultados en esta nota tiene una visión diferente del asunto. Shila Vilker, directora de la consultora política Trespuntozero, considera que uno de los principales problemas del Gobierno es que Alberto no termina de distinguirse de Cristina, cuando esa diferenciación era su principal activo como candidato presidencial. “El Frente de Todos tiene que volver a tener colores diversos para ofrecer un peronismo más federal más allá del kirchnerismo”, señala y agrega que Sergio Massa, al contrario que el Presidente, sí logró hacerse de un espacio propio dentro de la coalición.

No creo que Alberto pueda hacer nada en realidad. Es tan fuerte el liderazgo de Cristina que la que tiene que hacer algo es ella”, dice Mario Riorda, ex decano de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Católica de Córdoba. Cada aparición de la vice, añade, genera tanto un relativo opacamiento del Presidente como una mayor distancia respecto de Juntos por el Cambio. La ex presidenta “puede ser lúcida, pero termina erosionando la figura que apoyó y permite que el disenso aparezca como línea argumental para la oposición”, explica.

Julio Burdman, doctor en Ciencia Política por el Instituto de Estudios Políticos de París, cree que la novela Alberto-CFK “está sobreestimada”. “Está claro que no hay apoyo explícito, pero tampoco hay conflicto. Todo indica que el Presidente tiene el control de las áreas claves de gobierno, mientras que tiene otros problemas más acuciantes (que la relación con la vice), como la crisis económica y la sanitaria”, desarrolla.

¿Le convendría a Alberto por fin comenzar a construir el “albertismo”, que postergó hasta ahora, para fortalecerse respecto de Cristina? El problema es anterior, ya que en los hechos no tiene con qué. “Cada vez posee menos fuerza en verdad”, cree Vilker, para quien el Presidente ya dejó pasar una oportunidad de hacerlo. Burdman ve que la dificultad es que Fernández no tiene candidatos propios en el interior y por eso considera que para él será suficiente con que quede claro durante la campaña que el peronismo lo apoya.

La comunicación no es todo, pero cómo ayuda

Un gobierno vive de logros, pero también lo ayudan las buenas excusas y las victimizaciones (justificadas o no). En un año más complicado imposible, la administración Fernández no pudo combinar estos tres puntos de manera coherente y sufrió la ausencia de una política de comunicación estructurada.

Hay una cosa clara: la comunicación no se puede escindir de la gestión, coinciden los analistas. Y dan algunos consejos puntuales.

“El Gobierno necesita presentar a la sociedad que comienza en 2021, cuando la crisis sanitaria empiece a resolverse”, define Burdman. No todo debe ser foja cero, sin embargo. Aunque el oficialismo impulsó en la segunda mitad del año pasado iniciativas que agrandaron la polarización, como la reforma judicial, el impuesto a las grandes fortunas y el aborto legal, durante el primer semestre de 2020 primó el Alberto tendedor de puentes y dialoguista con el ala moderada de la oposición. Es esta última carta la que le convendrá seguir usando porque “es parte de su identidad política y los llamados al consenso tienen el apoyo de hasta el 75% del electorado”, agrega el politólogo.

Para Riorda, asesor en comunicación política, uno de los problemas centrales en este aspecto es que “en la gestión del riesgo primó una idea voluntarista”, algo especialmente complicado en un año de crisis estructural. Hay más. Al diferenciarse de lo que ve como un exceso de marketing político en el macrismo, el Gobierno parece irse a veces al otro extremo: “El Presidente cree que él mismo es un sistema de comunicación”, resume el politólogo.

Si de dar aires nuevos se trata, la remoción de ministros puede ser una maniobra parcial pero eficaz. “Tiene que oxigenar el Gabinete. Más allá de (María Eugenia) Bielsa, me parece que el reflejo llega tarde, si llega, y sobre todo con la demanda de Cristina, que no se puede omitir”, critica Vilker.

¿Las áreas señaladas? Burdman apunta a dos: Educación, que perdió con la suspensión de las clases presenciales como “no pasó en ningún país”, y Seguridad, que tuvo choques con ministerios provinciales de su mismo partido.

Por el cambio juntos

Para Juntos por el Cambio, el 2020 fue un año de reacomodamientos. Tras la derrota de Macri, el centro de gravitación pasó de pronto a Horacio Rodríguez Larreta, “ayudado” por el papel protagónico que le dio la gestión de la pandemia en el AMBA. Entonces, floreció una tensión marcada y apenas disimulada entre el ala dura y el ala dialoguista de la coalición.

Este será un año clave para la disputa por el liderazgo opositor, en el que se verá qué sector queda mejor posicionado de cara a 2023, coinciden los analistas. Para el jefe de Gobierno, la clave de la consolidación estará en colocar candidatos propios también en las listas de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, señala Burdman.

Este escenario de ninguna forma implica que Juntos por el Cambio pueda romperse: “El proyecto es ser una única coalición opositora, que incluso puede llegar a ampliarse”, aclara el politólogo.

Para Vilker, la interna de JxC también se definirá este año en un plano más conceptual: “La pregunta es si la estrategia de la moderación y la tibieza es buena. Yo diría que sí, en la medida en que existan los duros para proteger o crear un muro de contención”.

La consultora política señala otro fenómeno en el arco opositor que puede sorprender en las elecciones de mitad de año: el crecimiento de los libertarios, “con fuerza inusitada”, sobre todo en el espacio masculino joven. “Es posible una sorpresa. No veo fuerza suficiente como para romper la grieta, pero sí como para empezar a dejar de ver un tablero exclusivo de dos”, advierte.

Entonces, ¿cuál es el principal desafío político del Gobierno en 2021?

“Relanzarse”, arroja Burdman, porque “todo lo que hizo el Gobierno en 2020 fue reaccionar frente a una crisis inesperada”. ¿De dónde proviene la consigna? Desde dentro del propio oficialismo, seguro, advertencias epistolares de Cristina mediante.

Más que un deseo de crecimiento, el relanzamiento es una necesidad. “Aún cuando Alberto Fernández no tiene la culpa de la pandemia, no está probado que ponerla de excusa vaya a funcionar para sostener el discurso político los próximos tres años”, dice Burdman al recordar a los oficialismos que perdieron el año pasado, por ejemplo en Estados Unidos o en Bolivia.

Riorda lo ve bastante parecido. “El gran reto va a ser plasmar en hechos concretos la reconstrucción”, orientada ya no a salir de la crisis heredada sino de una nueva crisis mayor, señala.

Para el Presidente esto implicará, entre otras cosas, dejar de recostarse en la grieta como vino haciendo “por necesidad, convicción o resguardo” desde que empezó a perder popularidad. En cambio, cree Riorda, deberá comenzar a cumplir con su promesa de negociador y armador de puentes que le permitan construir legitimidad más allá del votante del núcleo duro del kirchnerismo.

Según Vilker, el principal desafío de Alberto Fernández en este año que comienza también fue definido por la vicepresidenta: “Calibrar salarios, tarifas, precios y jubilaciones con otro escenario simultáneo que es el acuerdo con el FMI”, afirma, sobre todo teniendo en cuenta lo clave que resulta la economía en cualquier año electoral.

¿Y la pandemia? Es importante, pero secundaria, explica Vilker: “Los principales miedos son la inseguridad, empobrecerse y recién en tercer lugar aparece el Covid. Hay una naturalización de la pandemia. Con que no colapse el sistema de salud y comience el proceso de vacunación es suficiente. Los desafíos son más económicos que sanitarios”.

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Javier Slucki

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