En lo que parece ser una muestra de avanzar en una relación prágmática con la Argentina, tal como lo prometieron algunos funcionarios en los últimos días, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, afirmó este viernes que si su par Alberto Fernández visitara ese país, lo recibiría "con las honras de jefe de Estado que merece", en un gesto de distensión de la relación entre ambos gobiernos tras los cortocircuitos iniciales.

"No está prevista (una visita de Fernández a Brasil), pero si viene será recibido con todas las honras de jefe de Estado", señaló el mandatario brasileño en declaraciones a la prensa efectuadas en la puerta del Palacio de la Alvorada, la residencia presidencial.

Bolsonaro puso de relieve que la Argentina y Brasil "tienen un buen comercio en varias áreas" y punto seguido pidió: "Espero que las medidas de aumentar impuestos a las exportaciones de granos y al trigo que compramos no valga para nosotros", expresó.

Luego de un inicio de relación tenso, el jefe de estado brasilero comenzó a dar señales sobre lo evidente: Argentina y Brasil se necesitan comercialmente. En particular, Brasil necesita que no se caiga la producción de trigo argentino, que utiliza entre ocho y diez millones de toneladas para atender las demandas del mercado interno y el resto de la producción es saldo exportable de lo cual una gran parte va a Brasil.

De manera un poco torpe, quizá, después de haber habilitado a Estados Unidos a venderle 700 mil toneladas de trigo sin arancel, como una manera de avisarle a la Argentina que podría conseguir otros proveedores, ahora reclama que no le impongan una política arancelaria. Algo que no está en los planes del Gobierno de Fernández, ya que el comercio intra Mercosur tiene aranceles 0.

Por otra parte, Bolsonaro manifestó su intención de que ambos países "trabajen juntos para consolidar el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea".

La declaración de Bolsonaro sobre una eventual visita de Fernández a Brasil es una muestra de distensión en la relación bilateral luego de que el mandatario brasileño cuestionara la victoria del Frente de Todos en las elecciones de octubre.

En 2019 Bolsonaro manifestó su respaldo a la reelección del entonces presidente, Mauricio Macri, y tras la victoria de Fernández dijo que los argentinos habían "elegido mal".

Fernández le respondió a las agresiones con tono moderado, aunque visitó en la prisión al ex presidente Luis Ignacio Lula Da Silva y en noviembre celebró su liberación durante su mensaje inaugural del II Encuentro del Grupo de Puebla que se desarrolló en Buenos Aires: "Con Lula libre soplan otros vientos en Brasil. No tengo duda que la unidad de Brasil y Argentina es indisoluble, ningún gobierno de coyuntura puede romperlo, nada lo va a romper. Vamos a seguir trabajando por esa unidad, que es el eje de la unidad de América del Sur", manifestó.

A ello le siguieron a fines del año pasado varias críticas subidas de tono por parte del mandatario brasileño y su hijo, el legislador Eduardo Bolsonaro, contra Fernández y su hijo, Estanislao.

A la asunción del presidente Fernández acudió su vicepresidente, Hamilton Mourao, quien recibió en Brasilia al designado embajador argentino, el ex vicepresidente y ex gobernador bonaerense Daniel Scioli.

Posteriormente, el gobierno brasileño comenzó a ofrecer gestos de distensión con la Argentina, al señalar que buscarían una relación "pragmática", lo que fue recibido como una señal positiva por la Casa Rosada, en contraste con los cruces iniciales.