La crucial elección en la provincia de Buenos Aires terminó por ceder preponderancia. El crecimiento exponencial de Cambiemos en el mapa nacional terminó por convertirse en el principal dato de la elección legislativa. Es más, ante la debacle de casi todos los referentes de la renovación post kirchnerista del peronismo, la fi gura de una Cristina Fernández derrotada, pero menos derrotada que sus rivales internos, terminó por ser funcional al oficialismo.

Urtubey y Massa quedaron relegados en sus sueños de cara a las presidenciales

Cambiemos se constituyó ayer en la fuerza dominante de Argentina frente a un justicialismo sumido en una división que no tiene solución a la vista. El salteño Juan Manuel Urtubey retrocedió varios casilleros en su carrera hacia una postulación presidencial tras sufrir una derrota histórica en su provincia. Sergio Massa no acertó en su estrategia y se le escurrió un caudal considerable de votos (y sus sueños). Camino al 2019, será crucial de qué forma se acomoden las distintas vertientes peronistas en el Congreso para pispear cómo enfrentarán las presidenciales.

En el peor momento de su gestión, en los primeros meses de este año, el Gobierno tomó una decisión drástica mientras cursaba el tercer semestre de su mandato todavía sin haber pasado por el prometido segundo. A la espera de unos números de reactivación que no llegaban, eligieron refl otar la grieta y volver a apostar por un escenario de división que le dio resultados en 2015. Con un peronismo dividido, polarizar con Cristina Fernández era la alternativa que mejor defendía lo conseguido en las elecciones presidenciales.

Así las cosas, la ex presidenta se vio forzada a jugar su futuro en una elección que hubiera preferido obviar y los comicios legislativos se terminaron por convertir en un balotaje del balotaje. En ese escenario, Cambiemos logró un respaldo trascendente para consolidar su capacidad de gestión. Acompañado por el demorado veranito y con la expectativa de prolongar la estación, el mandato de Macri empezó de nuevo ayer. Marcos Peña dio muestras de esa realidad en la primera aparición pública de un referente del oficialismo, poco después de las 18. El jefe de Gabinete arrancó por reclamar el fi n de la lista sábana para dar paso a la boleta única electrónica sin demoras. No es que el objetivo no hubiera sido planteado hasta ahora, pero el énfasis a la hora de exponer las necesidades, se intuye, será otro. El sistema electoral es importante, pero aún más lo será la discusión por la reforma impositiva, la laboral, la coparticipación y todos los extras que la Casa Rosada juzgue prioritarios para los próximos dos años.

Sin mayoría propia en ninguna de las dos Cámaras, Cambiemos contará con el mejor escenario que un gobierno no peronista haya tenido a su disposición desde la vuelta de la democracia. Será primera minoría en la Cámara baja y puede llegar a ostentar ese mismo estatus en el Senado si al kirchnerismo (a Cristina misma) se le cierran las puertas en el hasta hoy bloque mayoritario.

Que una administración no heredera del General concluya su mandato sin sobresaltos sería todo una novedad en la democracia moderna. Arribar a esa instancia con proyección de continuar ya resulta algo milagroso en un análisis con perspectiva histórica. Ayer el gobierno de Macri se ganó el derecho de aferrarse a esa alternativa. En 1985, cuando los mandatos presidenciales aún eran por seis años, idear conceptos como “prepotencia de trabajo” y soñar con cosas tales como el “tercer movimiento histórico” terminaron por convertirse en la compañía irónica de una debacle económica. En las primeras horas de hoy se repetía el latiguillo de que el país (al menos en los distritos de mayor peso) se pintó de amarillo. Apenas unos meses después de asumir, el Gobierno difundió un dato de pobreza (oculto en la última etapa de la anterior gestión) por encima del 30% y marcó esa vara como referencia para ser juzgado en su principal promesa electoral. Políticamente, ayer comenzó la gestión de Cambiemos.