El Gobierno logró dos amplios triunfos a lo largo de la campaña electoral que terminaron plasmándose ayer en el resultado de las urnas: una alta polarización (comparada con otros comicios de medio término) y convertir la elección legislativa en un plebiscito sobre la anterior gestión y no sobre la propia. El resultado y la estrategia de evitar la discusión de las reformas estructurales para negociarlas caso por caso fuera de la atención pública serán las bases para encarar los próximos dos años. Del éxito que alcance dependerá las chances de la reelección, cuando ya no pueda apelar al pasado para confrontar el presente.

En los dos años que lleva, la gestión de Cambiemos no logró convencer a quienes defi nen la suerte de las inversiones en la economía real y hasta terminó pulseando con sectores ampliamente benefi ciados, como el campo, que presiona por una mayor devaluación. Los centros fi nancieros globales alimentaron el proyecto con la compra de deuda hasta un nivel sin precedente: uno de cada cinco dólares que se emitieron en el mundo lo hizo Argentina. Pero también entre los fondos y bancos de inversión se intranquilizaron con las reformas que no llegaban y la posibilidad de “una vuelta al pasado” que significaría un triunfo o un piso de 40% de los votos para Cristina Fernández en la provincia de Buenos Aires. De todas maneras, en ningún momento empresarios y ejecutivos dudaron en el respaldo, como quedó demostrado en el Coloquio de IDEA y en cuanta reunión empresaria hubo a lo largo del año.

El crítico 40% llegó, pero para el oficialismo a nivel nacional. La apuesta fue fuerte y el resultado les permite reclamas para sí los laureles de la victoria. Con este respaldo de las urnas avanzarán ahora las reformas, entre ellas:

■ Ingresos: la idea es modificar el sistema tributario eliminando impuestos sobre las empresas, aunque se realizará en forma progresiva para evitar el desfinanciamiento del Estado.

■ Gasto: se acelerará la reducción del déficit fiscal a través de una suba de los ingresos mayor al ritmo de expansión del gasto. Habrá techo al aumento salarial de empleados públicos y se cortarán gastos en programas sociales, privilegiando la AUH.

■ Laboral: por el Congreso sólo pasará el generoso blanqueo para que empresas regularicen a trabajadores sin que se investigue el pasado. La flexibilización se negociará por convenio, al estilo Vaca Muerta. El Gobierno ya dio un adelanto: los gremios que se resistan serán intervenidos y sus dirigentes puesto bajo la investigación de la Justicia.

■ Gestión: también se evitará el paso por el Congreso para la discusión de leyes de privatización. El esquema es el de la creación de empresas o fundaciones (como ya se hizo en Vialidad y Pami) con capacidad de negociar y contratar en forma directa y en los términos de la legislación de derecho privado. Sigue en discusión el financiamiento que será extra presupuestario.