Militancia kirchnerista, sindicatos de todo tipo, movimientos sociales, grupos movilizados por intendentes, wiphalas, banderas LGBT, independientes y curiosos, choripanes, cerveza y cumbia. Con la vuelta del peronismo al poder volvieron también las plazas populares, esta vez reemplazando el tono de protesta de las marchas antimacristas por un clima de festejo desahogado que había desaparecido durante el interregno que acaba de terminar.

A las 11, las veredas frente a la Plaza Congreso ya eran intransitables y había gente apostada contra las vallas hasta Plaza de Mayo. Una cantidad "peronísticamente" mayor a la que había el 10 de diciembre de 2015, cuando el gobierno hoy finalizado era un cúmulo de promesas que vendrían a mejorar el país pero no tenía todavía la épica de la remontada antiperonista con la cual llenó las calles hace menos de dos meses.

La jornada de mostró que la promesa de Alberto Fernández de "poner a la Argentina de pie" comenzó a cumplirse bastante rápido, al menos para buena parte de la gente que se acercó a festejar el traspaso gubernamental en un marco desbordado: a la mayoría le fue imposible encontrar un asiento durante horas y se limitó a quedarse parada dentro de los repletos cafés de la zona para escuchar el discurso del presidente electo frente a la Asamblea Legislativa.

En tanto, el famoso cierre de la grieta que ahora intenta la clase política tal vez no sea tan fácil de lograr entre la gente, a juzgar por las variopintas exclamaciones festivas que afirmaban que la ida de Macri es definitiva.

El festejo no se convirtió en tragedia casi por milagro. En momentos en los que la fórmula ya consagrada se dirigía de vuelta hacia la Casa Rosada, un grupo de camionetas de ceremonial pasó por la Avenida de Mayo a la altura de la 9 de Julio. Creyendo que allí iban los nuevos Presidente y vicepresidenta, parte del público desbordó las vallas y una enorme columna, frente a la impotencia de la Policía, comenzó a seguir los vehículos rumbo hacia el palacio Ejecutivo.

Sucedió que, en verdad, el Toyota Corolla del ex jefe de Gabinete todavía no había llegado al lugar, por lo que luego tuvo que andar a paso de hombre con sus motos escoltas abriéndose entre la gente. Por suerte no hubo atropellos, pero sí alguna que otra abolladura en el vehículo presidencial.

Luego vendría el clásico festival popular en la plaza con bandas de cumbia, choripanes, bondiolas, hamburguesas y lechuga con huevo frito para los vegetarianos. La vuelta al poder fue nuevamente una fiesta.

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