A pesar de las críticas que recibe la polí- tica de endeudamiento externo que lleva adelante la gestión de Mauricio Macri, en los hechos en el mercado local, nadie sostendría sin sonrojarse que haya un horizonte posible de crisis fi nanciera en los próximos meses. De hecho, incluso los más adversos detractores del modelo económico actual aceptan que la toma de deuda permanente aleja temporalmente el miedo a la falta de dólares, por lo que una improbable restricción externa abre la posibilidad a una expansión de la actividad para 2018. Pero pese a este escenario, organismos internacionales, como el FMI, le aconsejan al gobierno un mayor ajuste fi scal, bajar cargas sociales e impositivas sobre las empresas, reducir el gasto corriente y frenar la obra pública. Políticas económicas que, a corto plazo, tendrían impacto contractivo sobre la actividad económica. Un pedido que, de seguirse a rajatabla, se parece más a las exigencias de un acreedor que al de instituciones que deberían promover el desarrollo de las naciones.