No los saludó. Ni los miró. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner se sentó en la tercera y última fila del sector de los acusados de la sala AMIA de los Tribunales de Comodoro Py, alejada del ex ministro de Planificación Julio de Vido y el empresario Lázaro Báez que se mostraron al frente con la escarapela puesta y miraban para atrás cada tanto. El lugar cumplió una doble función: quedar por fuera de la vista de los periodistas y una señal política de distancia con los que serían juzgados ese mediodía junto a ella. El ex secretario de Obras Públicas José López ya estaba lejos.

La sesión comenzó sólo unos pocos minutos después de las 12. Desde entonces y durante las tres horas que duró la primera parte de la lectura de los hechos y delitos que se les imputan en el marco de la causa " Vialidad", la mirada de la senadora se dirigió contadas veces hacia los jueces del Tribunal Oral Federal n°2. En cambio, se dedicó a deslizar con el dedo la pantalla de su celular siguiendo el expediente, relojeando a los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques e intercambiando comentarios con su abogado Carlos Beraldi.

La ex mandataria hizo gestos de desaprobación notorios en dos ocasiones: negó con la cabeza cuando se mencionaron las presuntas maniobras con las que la asociación ilícita de la que se la imputa presidir efectuó el desvío de fondos públicos y otro cuando se mencionó a Néstor Kirchner como ideólogo junto a ella. Como había twitteado por la mañana, para Cristina y su círculo el juicio no es más que un "armado" del Gobierno de Cambiemos. También lo denunció Gregorio Dalbon, otro de sus letrados, en la puerta de los tribunales cuando habló de "show" y en diálogo con BAE Negocios refutó: "Cristina está firme".

Sólo hubo tensión en el inicio de la audiencia cuando Maximiliano Rusconi, parte de la defensa de De Vido, se quejó del rechazo al pedido de nulidad por falta de pruebas y aseguró que le cortaron el micrófono. El presidente del Tribunal, Jorge Gorini, le respondió que podría hacerlo tras la lectura de las acusaciones, en las cuestiones preliminares. Un cruce que pasó desapercibido en un clima monótono y denso.

Acordado el cuarto intermedio, Cristina salió rápido de la sala, seguida de Oscar Parrilli y Gabriela Cerruti entre otras figuras del kirchnerismo que habían hecho de teloneros a primera hora. También estuvieron presentes intendentes bonaerenses con aspiraciones electorales. Entre ellos Verónica Magario, Fernando Gray y Gustavo Menéndez. No faltaron Estela de Carlotto, Hebe de Bonafini y Taty Almeida en la primera fila detrás del vidrio que separaba el sector interno de invitados.

Entre los dirigentes la premisa fue "acompañar" a la ex presidenta en el proceso judicial, pero los debates y respuestas giraron en torno a la fórmula electoral que tomó de sorpresa a todo el arco político y obliga a repensar estrategias o como definió Almeida a este diario: "Un juego de ajedrez".

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