El sorpresivo anuncio de Cristina Fernández de que será candidata a vicepresidenta en una fórmula con Alberto Fernández alteró el sendero electoral que intentaban consolidar el oficialismo, con Mauricio Macri, y el peronismo federal, con Roberto Lavagna como postulante.

Macri reacción confirmando el rumbo de su gestión y dando por entendido de que no hay modificación en la estrategia electoral señalada hasta el momento: que él irá por la reelección y María Eugenia Vidal buscará la propia en la provincia de Buenos Aires, aunque muchos dirigentes de Cambiemos dicen que es temprano para ser tajantes.

La expresidenta fue lanzó temprano un spot a través de redes sociales en el cual contextualiza el tono que tendrá la campaña del espacio: críticas al costo social del ajuste, rechazo al endeudamiento externo y un tono conciliador y acuerdista.

“Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos, él como candidato a Presidente y yo como candidata a Vice, para participar en las próximas elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias”, señaló en el video.

De ese modo, Cristina decidió dejar el primer lugar formal para ceder el número uno a Fernández, jefe de Gabinete de Néstor Kirchner y de parte de su propia gestión, y uno de los pocos dirigentes que es capaz de acotar la dispersión del peronismo y sumar otros espacios afines,

El primer Frente para la Victoria, de hecho, contenía a expresiones de movimientos sociales y sectores identificados más con el centroizquierda, en convivencia con los barones del conurbano bonaerense de entonces y los gobernadores peronistas que pisan fuerte en sus territorios.

Con la fórmula Alberto-Cristina, el peronismo comenzó a dar las primeras señales de acomodamiento: los gobernadores José Manzur, de Tucumán y Domingo Peppo, de Chaco,  respaldaron la movida, y se sumaron intendentes y dirigentes sindicales.

Dos de los postulantes con menores chances, Felipe Solá y Agustín Rossi, bajaron sus propias postulaciones, aunque otros dos, Daniel Scioli y Juan Manuel Urtubey, confirmaron que mantienen sus pretensiones.

En cambio, Sergio Massa saludó calurosamente la movida, de la que puede ser parte como candidato a goberndor por la provincia de Buenos Aires.

Con Cristina en un segundo lugar en la fórmula, el problema se traslada al resto de los espacios político. El Peronismo Federal, que tiene como cabeza visible a Lavagna, apostaba a ser una tercera vía que se corriera de la polarización. Pero algunos dirigentes analizaban que la postulación de Alberto es una señal de que se buscará ampliar el espacio. Cristina, en la última parte de su gestión, no había tenido esa tónica.

También es un problema para el radicalismo, que queda encerrado entre dos posibilidades en posición de perdedor: confirma la pertenencia a Cambiemos y la fórmula que decida la Casa Rosada y resigna su pretensión rupturista o rompe y queda a merced de que Alternativa Federal se debilite y se transforme en un espacio más pequeño.

Cambiemos, en tanto, ingresó a un estado de somnolencia deliberativa. Sin voceros, fue el presidente Mauricio Macri quien confirmó que continúa en carrera y marcó las diferencias de modelo con el kirchnerismo. “Volver al pasado sería autodestruirnos”, remarcó.

La agenda del presidente no se alteró, no tampoco la de la gobernadora Vidal. Puede ser determinante la respuesta política de los socios de Cambiemos en los próximos días, el apoyo que muestre en las encuestas. el voto de los mercados y el respaldo que tenga del empresariado, que lo bancó en la propuesta de acuerdo de 10 puntos, que el propio oficialismo abandonó a poco de lanzar.