Con mayor capacidad de reacción que el resto de los actores políticos y económicos, el peronismo inició el sábado al mediodía un nuevo proceso de reacomodamiento que durará un mes y que terminará de cristalizar recién entrada la segunda quincena de junio, al filo del cierre de listas. De un lado, la fórmula Fernández - Fernández; en el medio, la gran mayoría de los gobernadores peronistas y Sergio Massa; y del otro lado, Juan Schiaretti, Roberto Lavagna, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto. Hoy, los dos extremos del grupo aparecen irreconciliables, aunque el centro de ese espectro procurará reunirlos embanderándose en el poder territorial de los mandatarios y reclamando por un único objetivo común: que el 10 de diciembre entre triunfal un peronista a la Casa Rosada.

Los actores principales de este ajedrez entre compañeros empezaron midiéndose a través de los medios. El kirchnerismo convocando a Massa a la unidad; el tigrense reafirmando su candidatura pero con muchos de los dirigentes de su espacio -¿avalados por él?- ponderando la posibilidad de un acuerdo cada vez más cerca; Schiaretti avisando que Alternativa Federal tendrá candidato propio; Lavagna confirmando finalmente y después de mil vueltas su candidatura; y Urtubey y Pichetto enfatizando que con Cristina no. En eso se concentraron los dardos periodísticos de las últimas 48 horas.

Pero además, todo el peronismo estuvo atento el sábado a qué gobernadores tuiteaban saludando la precandidatura de Alberto Fernández, con qué palabras y en qué momento. A nadie pasaron desapercibidos los seis que habían estado en diciembre en la foto de Alternativa Federal y que ahora festejaron la decisión de Cristina Fernández de Kirchner: Rosana Bertone (la menos novedosa, pues ya había compartido la foto en el PJ con la ex presidenta), Gustavo Bordet, Juan Manzur, Domingo Peppo, Sergio Casas y el radical más peronista Gerardo Zamora.

Massa repite que antes de la medianoche del 22 de junio “va a haber unidad en el país”. Su único objetivo es que el 11 de diciembre Macri esté muy lejos de la Casa Rosada

Uno de los pocos que no tuiteó fue el chubutense Mariano Arcioni. Contuvo sus dedos por pedido expreso de su amigo desde hace más de 20 años, Sergio Massa. El ex jefe de Gabinete le advirtió: "Cualquier cosa que digas la van a leer como un mensaje mio. Ni se te ocurra escribir nada". Y, aunque habló telefónicamente con Alberto para felicitarlo, el gobernador acató. Ocurre que hacia el tigrense giraron de inmediato todas las miradas apenas terminó el video con el que Cristina anunció la fórmula.

¿Qué dice Massa? En su círculo más íntimo aseguran que el ex jefe de Gabinete repite ante quien quiera escuchar que antes de la medianoche del 22 de junio "va a haber unidad en el país". Su único objetivo, asegura a sus interlocutores, es que el 11 de diciembre Mauricio Macri esté muy lejos de la Casa Rosada. Lo imagina, incluso, trajinando los pasillos de Tribunales.

Pero el camino hacia esa unidad, cavila Massa entre sus íntimos, tiene que ir asfaltándose durante las próximas semanas. No puede ser una unidad de cúpulas, un "rejunte". "Hay que construir una épica y un relato para la unidad", advierte. Esa es la estrategia que se dio el tigrense desde fines de 2018 a esta parte y procura no apartarse de ella. "Yo perdí cuando no seguí la estrategia que me había fijado", asegura. Es uno de los pocos dirigentes políticos que practica la autocrítica.

En el último fin de semana, la postura de Massa sumó músculo político y territorial gracias a la fórmula Fernández - Fernández y la bienvenida al binomio de los gobernadores, a quienes mañana, ante sus compañeros de Alternativa Federal, pedirá escuchar en conjunto. Alberto aportó ayer lo suyo: "Si no nos ponemos de acuerdo, vayamos a una PASO", pidió desde Santa Cruz.

A Massa la idea no le disgusta del todo y pone de ejemplo la interna que disputó frente a su socio político José Manuel De la Sota. Fue una PASO amable, acordada. Se puede, dice, ir a una primaria sin desgastar de manera cruel al resto de los integrantes del espacio. No es su plan A, de todas formas. Lo que el tigrense desearía es ser el candidato ungido por el acuerdo de todos. Fantasea incluso con la posibilidad de que Cristina haya anunciado la fórmula con tanta anticipación para tener tiempo de correrse del binomio, dejarlo a Alberto de vice y ofrecerle el primer lugar él. Parece muy difícil, pero él se tiene fe.

El reacomodamiento llegó veloz también al armado porteño, adonde el kirchnerismo perfilaba una PASO entre Mariano Recalde y Victoria Donda a la que ahora hay quienes buscan sumar a Matías Lammens. El presidente de San Lorenzo siempre fue refractario a ir en una boleta encabezada por Cristina Fernández de Kirchner y por eso se venía mostrando cerca de Roberto Lavagna. La irrupción de Alberto despejó ese prurito y desde el fin de semana el diputado Eduardo "Wado" De Pedro retomó las conversaciones con Lammens para acercarlo. Incluso hay quienes barajan en el kirchnerismo la posibilidad de dar de baja la PASO y unificar el poder de fuego detrás de la candidatura del dirigente cuervo. "Esta vez queremos jugar a ganar", se envalentonan. Lammens, mientras tanto, avanza en su armado propio y sumó en las últimas horas a Zulma Ortiz a sus equipos de trabajo. Ortiz fue hasta hace dos años la única mujer en el gabinete de María Eugenia Vidal. Era ministra de Salud provincial y renunció después de que la gobernadora, por presión de la Iglesia y de los sectores conservadores de Cambiemos, decidiera revertir la adhesión que había firmado su ministra al protocolo nacional de atención de abortos no punibles.