Aún desde antes de llegar a la Presidencia –lo hizo cuando era jefe de Gobierno porteño-, Mauricio Macri se manifestó como un fuerte opositor al chavismo venezolano. Desde diciembre de 2015, una de sus prioridades en política internacional fue aislar en la región al gobierno de Nicolás Maduro y ayudar a que la oposición tome el poder en Venezuela.

Lo hizo exigiendo su separación del Mercosur y de la Unasur, recibiendo a dirigentes antichavistas, reclamando en la ONU y la OEA, y en todos sus encuentros con mandatarios extranjeros.

Hoy va a recibir en la residencia de Olivos a alguien que comparte sus deseos. Se trata del secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson. El “jefe” de la diplomacia de Donald Trump llegó a la Argentina como parte de una gira latinoamericana en la que busca reforzar las ideas del presidente de los Estados Unidos para la región, digamos, el “trumpismo”.

Tillerson llega halagando la política económica de Macri y su posición política en Latinoamérica. Pero también trae en sus valijas un peligroso mensaje “trumpista”.

“Cuando las cosas están tan mal, cuando los militares llegan a la conclusión de que ya no pueden servir a los ciudadanos, entonces se las arreglan para orquestar una transición pacífica”, dijo Tillerson sobre Venezuela en Texas, poco antes de comenzar su gira latinoamericana. Indirectamente –o no tanto-, llamó a un golpe militar para terminar con el gobierno de Maduro, lo que inevitablemente nos lleva a recordar la participación estadounidense en las dictaduras militares que asolaron latinoamérica en las dé- cadas de los ´60 y ´70.

La crisis venezolana preocupa a Macri, pero sin duda deberá hoy poner un límite al “trumpismo” y dejar en claro que para la Argentina la única salida para Venezuela es en términos democráticos.

Tillerson dijo otra cosa en Texas. Calificó de “alarmante” la creciente presencia de intereses de Rusia y China en la región. Aseguró: “Washington sigue siendo el socio más estable, fuerte y duradero de América latina, que no necesita nuevos poderes imperiales que solo buscan el beneficio propio”.

Justo después de que Macri llega de una visita a Rusia en la que buscó la llegada de inversiones de ese país en la Argentina. Pero claro, para el “trumpismo” solo hay que hacer negocios con el “viejo” poder imperial, ese que cierra las puertas a los limones y al biodiesel de la Argentina.

Hoy Macri recibe a Tillerson en Olivos. El funcionario norteamericano debe salir del encuentro con el claro mensaje de que primero están los intereses de la Argentina, más allá de lo que quiera el “trumpismo”.