Para casi nadie es un secreto que la actual disputa para atraer inversiones en un mundo globalizado -donde un teléfono Apple, que se hace en EE.UU., Japón, Corea del Sur, Países Bajos, Francia, Italia, China, India y Vietnam- se centra en reducir el costo laboral. Y en Argentina esa disputa ya se hace sentir con fuerza en las discusiones paritarias, ya que el salario promedio de un obrero industrial en el país es de casi u$s1.600 al mes, cercanos a los u$s2.000 que se pagan en un país desarrollado, y muy por encima de los u$s120 que se pagan en Vietnam. El caso de Estados Unidos es signifi cativo: en la industria automotriz mexicana los obreros cobran un 80% menos que sus vecinos de norte, y el fabricante se ahorra u$s600 por vehículo en salarios. Un ejemplo claro de que, en los negocios, el costo y el dato matan al relato