El pasado 3 de octubre, en el microestadio de Lanús se hizo pública la intención de la CTA de los Trabajadores que lidera Hugo Yasky para regresar a la CGT. El marco de campaña electoral fue la tónica del congreso de esa central. Lo ameritó la presencia de Alberto Fernández, otros dirigentes políticos del Frente de Todos y referentes sindicales que batallan por los trabajadores con energía y entre ellos como humanos no ajenos al ego. Se selló allí un capítulo de la histórica diáspora del movimiento obrero, incluso en etapas de gobiernos peronistas. En la misma CTA emanaron cuestionamientos a la movida para cerrar filas "sin penas ni rencor".

La CGT, de llegar en actual estructura a agosto de 2020 deberá renovar autoridades, cumpliendo los pactos preexistentes para que el inicial triunvirato de Juan Schmid, Carlos Acuña y Héctor Daer -ya sin el jefe de la CATT en la conducción- entregue el mandato a la sucesión. La CGT en la era Cambiemos vivió momentos con sustracción de atriles, portazos, bombardeo moyanista/aliados y a la fecha, una errada percepción: que el presidente Mauricio Macri había llegado en 2015 para gobernar ocho años y no cuatro. Volviendo al congreso de la CTA en Lanús y para quienes no siguen a diario el "palpitar sindical", ese acto representó casi el advenimiento histórico de una nueva CGT, sólida y unificada. Empero mientras el encuentro en Lanús brillaba en esplendor de discursos y cánticos, un variopinto núcleo de sindicatos había activado su propio foro y no precisamente para abrir los brazos y puertas de la central a los primos hermanos que comanda Hugo Yasky. En aquella ocasión, un almuerzo con asistencia de "jefes clásicos", el titular de La Fraternidad Omar Maturano fue el vocero más energíco. Repasó dichos y actitudes que consideró en rango de "cuestiones pendientes", etiquetadas como agravios desde la CTA y lo más suave que recordó fue: "estos compañeros que nos decían burócratas hace pocos días" y hoy impulsan la unidad.

Como el horizonte, la unidad de la CGT es una meta inalcanzable al 100% y el porvenir desde estos días no será la excepción. Cada cual atiende su juego, y hasta resulta "adictiva" la pulsión de grietas, alianzas y tolerancias moderadas de la dirigencia obrera. Nada nuevo bajo el sol de Azopardo y filiales.