El presidente Mauricio Macri terminaba diciembre de 2016 vetando tres leyes sancionadas por el Congreso nacional. Un año más tarde, transita los últimos días del año con seis leyes que él impulsó y que considera clave para definir la redistribución de fondos entre las provincias y para sentar las bases de su modelo económico para los próximos dos años, con opción a cuatro más. Los aliados que eligió fueron los gobernadores, urgidos por las arcas sedientas por el combo de gasto inflexible y economía que no repunta en forma pareja. Pero en la solución puede estar el problema para Cambiemos. Si se cumple con el oxígeno previsto, los mandatarios ganarán autonomía en el momento en el que comiencen a preparar el terreno para la elección de renovacion de mandato. Y serán menos permeables a los deseos de un Gobierno central con el cual, en la mayoría de los casos, no comparten sintonía partidaria.