El Gobierno decidió ayer que los fondos de inversión institucional tienen que dejar de suscribir Lebac del Banco Central e invertir en títulos del Tesoro, que rinden menos y son a más largo plazo. Lo decidió para empezar a desarmar la bola de Lebac que supera $1,1 billón y cada mes se incrementa fomentado por la súper tasa del BCRA. Se terminó la libertad y empezó el dirigismo. Por ahora parece una salida más amigable que la imposición de un bono, como se especuló en algún momento, pero no deja de ser una intervención del Gobierno en función de sus necesidades y no de las personas o empresas que están detrás de los fondos. Ya lo definió Oscar Martínez, secretario general de la UOM de Río Grande y diputado nacional después de firmar un congelamiento de salarios: “No nos dejaron alternativa. Es como el chiste del prisionero que está condenado a muerte y acepta el ‘dunda dunga’. Fuimos víctimas de una extorsión por parte del Gobierno”.