Se asomó a la puerta grande de la política como la gran promesa radical y se retiró por la salida de emergencia de la crisis, en medio de la represión, la muerte y la fractura de la malla social del país. Entre un hecho y otro, entre 1973 y 2001, Fernando De la Rúa construyó su imagen de dirigente serio y formal que convertiría luego en su plataforma para llegar a un cargo ejecutivo.

Conservador y atildado, fue el primer jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires electo por el voto popular tras la reforma constitucional. En 1996 llegó a Bolívar 1 para pararse frente a su segunda obsesión: llegar a la Casa Rosada, dar "los cien pasos" que lo separaban de Balcarce 50.

De la Rúa se negó hasta el final de su mandato a dejar de lado la Convertibilidad

No fue el único slogan que perduraría en esa campaña presidencial de 1999. Su tono pausado y con pocos.matices llevó a que su equipo lanzara un spot con el slogan  "Dicen que soy aburrido" y asociando la "diversión" al despilfarro y la vacuidad que colocaron en cabeza de la presidencia que se iba, la de Carlos Menem.

 

Paradójicamente, fue Menem quien le posibilitó de algún modo, llegar a la Presidencia. Primero, con la reforma constitucional que el riojano acordó con el entonces líder de la UCR, Raúl Alfonsín, para posibilitar su reelección. De la Rúa fue un paladín del antipactismo y se puso en forma oficial en la vereda de enfrente de su correligionario Alfonsín, en la que ya estaba ideológicamente.

Pero fue también Menem quien le dio el plafón para la llegada de un presidente sin estridencias, en 1999. Heredó ademas del menemismo, la convicción de que no debía abandonar la Convertibilidad monetaria, el 1 a 1 entre el peso y el dólar. A pesar de que desde hacía dos años la economía estaba mostrando signos recesivos, hasta el último día de su mandato, De la Rúa se negó a modificar ese estatus.

La tensión con el vice

Llegó a la presidencia de la Nación en 1999 tras vencer a Eduardo Duhalde (PJ) y con el líder del Frente Grande, Carlos "Chacho" Alvarez como vicepresidente, una figura surgida del peronismo progresista que un año después renunciaría en medio del escandalo por los sobornos que se pagaron en el Congreso para aprobar la flexibilización laboral. 

Alvarez y De la Rúa fueron aliados sin convicción. Chacho renunció a la vicepresidencia un año después de asumir, cuando en un pretendido gesto de autoridad, el presidente promocionó en el Gabinete al funcionario acusado de pagar impulsar el pago de sobornos.

No fue sólo una cuestion de transparencia. El Gobierno de De la Rúa estuvo jalonado por desatinos económicos, recortes a salarios y jubilaciones y un plan de ajuste en busca del "déficit cero", un mantra de los gobiernos conservadores con discurso liberal. Las última jugada fue llevar a Domingo Cavallo "el padre de la Convertibilidad", para salvar su gestión. No había margen y se retiró en medio de cacerolazos.

El final fue la crisis económica, el estallido social, la represión y la muerte en varios puntos del país. La imagen de la caballería avanzando sobre las Madres de Plaza de Mayo y el helicóptero que se llevó a De la Rúa desde el techo de la Casa Rosada son las postales de la tragedia final.

 

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