Mayra Mendoza hace equilibrio entre su costado militante y el rol que ocupa al frente de la intendencia de Quilmes, uno de los partidos bonaerenses más afectados por la pandemia del COVID-19. Defiende la intervención del Grupo Vicentin, plantea que hay que “reforzar” la cuarentena y critica la decisión del Gobierno de la Ciudad de habilitar las salidas a correr. “En el ejercicio del poder y de hacerse cargo de cuidar a la población uno tiene que bancarse las presiones”, dice durante la entrevista con BAE Negocios, en alusión al mandatario porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

Quilmes es el segundo municipio con mayor cantidad de contagios en la provincia de Buenos Aires, ¿a qué atribuye esta situación?
—El foco en Azul nos hizo subir la cantidad de casos considerablemente. En un momento, teníamos la misma cantidad en Azul que en el resto de Quilmes. Cada 100 mil habitantes tenemos 187 y un promedio de duplicación de 15 días. Somos un distrito de 700 mil habitantes, por lo que el número es mayor que en otros distritos. Pero la situación de hacinamiento de algunos barrios y las condiciones en las que vive la mitad de la población es un factor que influye. La pandemia es una oportunidad para visibilizar y poner en evidencia las desigualdades. A todo eso se suma que hubo cierto relajamiento con la cuarentena.

—Con los números actuales de contagios en el municipio, ¿cree que el operativo que se llevó adelante en Barrio Azul fue exitoso?
—Sí, fue una medida acertada. Si no hubiésemos tomado esa medida en Azul, en lugar de 344 contagios entre Quilmes y Avellaneda habríamos tenido miles  Se dijeron muchas cosas, pero no es posible hacer un aislamiento sanitario de esa comunidad sin el acompañamiento de los vecinos. Estamos hablando de más de 5 mil personas. A diferencia de otros lugares, donde los contactos estrechos son sólo los que están en la casa, en un barrio popular la casa es el barrio, por lo que en Azul todos eran contactos estrechos de varios casos confirmados. Hoy es mínimo el número de contagios, aunque lamentablemente se murieron tres personas.

—¿Evalúan la posibilidad de aplicar un aislamiento comunitario en Itatí?
—Cuando detectamos casos en Azul, ya estábamos trabajando en Itatí. Nos preocupaba por su densidad demográfica y su extensión territorial. Actualmente, allí tenemos un operativo Detectar permanente. Hay 300 casos confirmados en ese barrio pero en relación a lo que vivimos en Azul el índice de positividad es mucho más bajo. Igualmente, no sería posible hacer un aislamiento comunitario como en Azul porque es cinco veces más grande.

—Uno de los temores que aparece en los ciudadanos que viven en barrios populares es que si les detectan Covid-19, los internen y les roben las cosas de sus hogares, ¿cómo garantizan para que eso no suceda?
—En Azul, en los casos en los que la casa quedaba sola, tuvimos un acompañamiento fuerte de la provincia. Había presencia policial dentro del barrio para cuidar esas casas porque es un miedo que existe. En Itatí siempre quedan familiares que son contactos estrechos, algo parecido a lo que sucede con las situaciones de emergencia climática. Pero si digo que aseguramos que a nadie le toquen sus cosas estoy faltando a la verdad porque no es algo de lo que tengamos absoluto control.

—Durante la pandemia se han visto algunas situaciones de violencia policial en la provincia, en general, contra los más vulnerables, ¿cómo evitan eso?
—Resolvimos que haya presencia policial y de distintos ministerios. Muchos vecinos se sumaron a participar y eso garantizó que no haya violencia institucional o abusos por parte de vecinos del barrio que eran referencias y tenían acceso a algunos recursos.

—Hace diez días en su cuenta de Twitter difundió un video donde se ve la peatonal Rivadavia llena de personas, ¿qué chances hay de volver a la fase 1?
Nunca hay que ocultar lo que está sucediendo. Ese video fue una forma de generar conciencia. Este momento requiere mucha responsabilidad por parte de quienes asumimos el Estado, pero también de la ciudadanía. A la vez que el Estado debe controlar para que se cumple con el aislamiento debe existir el autocontrol. Son finitos los recursos del Estado. Sé que es difícil el aislamiento. Yo hace un mes que no veo a mi hija y cuando la veo es con un barbijo porque ella está hace cien días en cuarentena y yo por mi trabajo y exposición vivo permanentemente con gente y trabajadores de salud y no puedo ponerla en riesgo.

—¿Por qué cree que a esta altura muchas personas no respetan la cuarentena?
—La primera imagen dolorosa fue la de los bancos. Luego la de la habilitación de salir a correr en la Ciudad de Buenos Aires. Cuando vi eso sentí que se había perdido el respeto por la autoridad sanitaria. Al otro día, un grupo de jóvenes me pidieron por redes que querían hacer algo en la plaza de Quilmes. Les dije que no, que estábamos en cuarentena. Y lo que me preguntaron fue porqué en Ciudad se podía salir y en provincia no. Luego, en algunos centros comerciales hubo mucha gente. No es por culpar a nadie, pero hay cosas que se terminan replicando porque se ven como habilitaciones de hecho.

—La Ciudad de Buenos Aires tiene el mayor número de contagios del país  cada 100 mil habitantes, sin embargo, como usted marca, desde el Estado flexibilizaron la cuarentena, ¿a qué responde?
—Puedo entender la situación de los comerciantes y el cansancio de muchos vecinos pero en el ejercicio del poder y de hacerse cargo de cuidar a la población uno tiene que bancarse las presiones. Hay presiones permanentemente. Quiénes estamos en los lugares de gobierno tenemos que tomar la decisiones que necesitamos más allá de las presiones de los distintos sectores.

—¿Las presiones a Rodríguez Larreta provienen de Juntos por el Cambio, el espacio al que él pertenece, o de sectores empresariales?
—Ambas. Hay una presión de los sectores económicos y de algunos grupos mediáticos, que parece que están trabajando en contra del aislamiento. No hay más que comparar con lo que sucede en Brasil o Estados Unidos. En Argentina estamos haciendo un esfuerzo muy grande, pero con acompañamiento del Estado a través del IFE, la doble Asignación Universal y de Embarazo y el refuerzo de la asistencia en alimentos. Pienso que al jefe de Gobierno porteño le interesan todos los ciudadanos por igual y no menos quienes viven en una villa.

—¿Qué margen hay para continuar con la estrategia sanitaria actual antes de que el sistema hospitalario colapse en la provincia?
—Hay que seguir la estrategia actual. Incluso hay que reforzar la cuarentena para no colapsar y no tener que elegir a quién se le pone un respirador. Hoy estamos al 60 por ciento de nuestra capacidad en UTI. Tenemos que pensar el sistema de salud como un todo. No hay diferencias entre la salud privada y pública. Las vidas de las personas son todas iguales. Vamos a atender donde tengamos que atender.

—Aún con ciertas diferencias, hasta ahora la Nación y la provincia vienen trabajando de manera coordinada con la Ciudad, ¿qué nivel de acompañamiento hay por parte de la oposición en el municipio?
—Tenemos un esquema de prevención comunitaria que se llama Cuidarnos y estuvieron los concejales de la oposición en el momento del lanzamiento. En Itatí, la semana pasada dijeron que se querían sumar a trabajar. La verdad es que hay acompañamiento.  

—Al comienzo, desde Juntos por el Cambio apoyaron el aislamiento obligatorio, sin embargo ahora sostienen que el Gobierno se "enamoró" de la cuarentena, ¿a qué atribuye ese cambio de postura?
—No le encuentro otro adjetivo que decir que es una posición miserable. De Juntos por el Cambio no puedo esperar otra cosa porque siendo gobierno no les importó la vida de los más humildes y de muchas personas que necesitaban el sistema de salud público. No creen en el Estado. No son todos, en Quilmes algunos se han sumado a participar del esquema de participación comunitaria. Pero hay referencias nacionales que exacerban el odio. En este contexto, es desubicado, irresponsable y miserable.

—Otro de los temas que la oposición viene cuestionando es la intervención de Vicentin. Más allá de las diferencias político-ideológicas, ¿cree que el presidente se apuró a anunciar la expropiación?
—Es una decisión inteligente. Lo que quiere hacer el Estado es un rescate de la empresa, que está en convocatoria de acreedores y pone en riesgo a cinco mil trabajadores y 2600 productores. Y es estratégica para alcanzar la soberanía alimentaria y garantizar los alimentos a mucha parte de nuestra población; y también para fijar precios. Algunos sectores juegan a la confusión y mucha gente sale a defender a Vicentin sin saber que esa empresa forma parte de una estafa al Estado nacional y a muchas personas. Además, cuando defienden la propiedad privada deberían pensar en la propiedad privada de los 2600 productores.

—¿A través de la intervención el Estado podría regular el mercado de granos?
—Y...sí, no en su totalidad. Es una herramienta más para poder hacerlo.

—Si como usted dice el anuncio de la expropiación no fue apresurada, ¿por qué el presidente retrocedió y ahora analiza la propuesta de Omar Perotti?
—No modifica el objetivo de Alberto. Se está reviendo las formas. Pero lo de Vicentin es un hecho porque hay una necesidad concreta y hay una investigación en curso respecto a los 18 mil millones que le debe al Estado.

—¿Qué lectura hace del “Banderazo” del sábado último?
—La irresponsabilidad de algunos sectores de Juntos por el Cambio llevan a una parte muy chiquita de la ciudadanía a defender intereses que nada tienen que ver con lo que viven cada día. Acá no cambió nada, cuando eran Gobierno y hoy hicieron de la mentira su práctica política. Le mienten a la gente cuando dicen que Alberto Fernández se enamora de la cuarentena y mienten cuando dicen que estamos en contra de la propiedad privada.

La situación de Milagro Salas

En diciembre de 2016, en pleno gobierno de Mauricio Macri, Mayra Mendoza fue golpeada en Jujuy por la policía provincial cuando intentaba entrar a la primera audiencia pública en el juicio contra la dirigente de la Tupac Amaru Milagro Sala. "Sigo pidiendo que su libertad sea un hecho", apunta la jefa comunal. Y agrega: "Milagro es víctima de una persecución política y además es una mujer que representa lo que muchos no quieren. Ella se opuso siempre a cualquier forma de opresión y eso molesta a muchos. El hecho de ser mujer, de representar a los collas, de darle voz a los que no tenían voz la pone en un lugar de amenaza a aquéllos sectores que se sienten cómodos en esas situaciones de injusticia y desigualdad que viven en Jujuy y muchas otras partes".

Legalización del aborto

Cuando era diputada nacional, en 2018, fue una de las principales defensoras del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) durante el debate en el Congreso. "Los feminismos construimos una agenda que no va a cambiar hasta que no sea ley la legalización del aborto", sostiene. Plantea que a diferencia de ese momento, "hoy además de haber un presidente del bloque mayoritario que se ha manifestado a favor de este derecho, a la salud de todas las mujeres y personas gestantes, está la voluntad política del presidente de hacerlo". Y concluye: "Siempre es un buen momento para discutir esto. No sé si este año o el que viene. El aborto más temprano que tarde va a ser ley".

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Gabriela Vulcano

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