Desde comienzos de su gestión en diciembre de 2015 y con táctica definida desde antes, el macrismo tomó a las paritarias como un espacio estratégico. El escenario más propicio para avanzar en su política de depresión de la demanda agregada, funcional a sus tan vapuleadas metas de inflación.

La lógica durante 2017 fue negociar "para adelante" con relación a la inflación futura, incumpliendo clausulas gatillo pactadas y obviando la inflación real del 2016.

En estos dos primeros años hay una notable caída de la negociación colectiva de los primeros semestres, recuperándose sensiblemente en los segundos. A su vez, el volumen total de negociación colectiva es significativamente inferior que durante 2014 y 2015.

Se destaca a su vez una creciente ralentización en las homologaciones: se dice que en los últimos seis meses, la cantidad de homologaciones está muy lejos de la media de las 1800 promedio del kirchnerismo.

El macrismo despliega una fuerte intervención estatal sobre la negociación colectiva bilateral: en el convenio de Vaca Muerta intervino el Ministerio de Energía, en la actividad láctea, la cartera de agroindustria, en el reciente de los ferroviarios, el mismísimo titular de Transporte. Ellos y el desmonte de la paritaria nacional docente son un ejemplo. Otra arista, tan polémica como estratégica, la constituye la práctica de esmerilar el poder sindical modificando la relación de fuerzas entre los actores del capital y del trabajo. Y con un sindicalismo débil, puede avanzar la reforma laboral, sobre todo por vía de la negociación colectiva.

(*) Abogado laboralista,
integrante de la Agrupación Norberto Centeno