La politóloga Cecilia Cross es rectora de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo ( UMET). “Es una universidad que quiere estudiantes que trabajen, pero fundamentalmente trabajadores que estudien”, así define la investigadora y docente a la casa de estudios que es cogestionada por 56 sindicatos y que creó el Centro de Investigación de los Trabajadores (CITRA), junto al Conicet. Acompañada por otras tres mujeres, al frente de las secretarías, tuvo que repensar, en muy poco tiempo, las modalidades y los contenidos pedagógicos en medio de la pandemia del Covid-19. Sobre ese punto, destaca que ante tanta incertidumbre “la educación es la que organiza la cotidianeidad en los hogares”.

_Las clases virtuales no son algo nuevo en educación superior, sin embargo se transformaron en la única opción en medio de la pandemia de COVID-19, ¿cuáles son los pro y las contras de la virtualidad?

_Hace unos días hicimos la apertura del segundo cuatrimestre y estuvo Alejandro Villar, rector de la Universidad Nacional de Quilmes, y dijo que no estamos haciendo educación a distancia sino educación de emergencia porque no hay un contrato pedagógico previo de dar clases de manera virtual. Estamos en un contexto de educación de emergencia, donde salimos a cubrir una necesidad, que no es sólo académica sino también social. Injustamente se dice que la educación no es una actividad esencial. Lo que no es esencial es la educación en las aulas, pero hoy más que nunca la educación es la que organiza la cotidianeidad en los hogares. La escuela es el ordenador y en el nivel superior también pasa algo similar. En un contexto donde todo era incertidumbre, crisis, muertes y expectativa de enfermedad, la universidad podía cumplir un rol social: ayudar a sostener un proyecto.

_¿Qué implica la educación de emergencia?

_Una de las diferencias principales con la educación a distancia es el contrato pedagógico. Este contexto, nos retrotrae a los fundamentos de nuestra actividad. Nos hace replantear nuestra relación con las y los estudiantes. Hubo que volver a pensar todo, la evaluación, las clases, la acreditación, qué es importante, qué es imprescindible, qué conocimientos hay que poner entre paréntesis porque exigen el concurso del cuerpo, de la presencia física.

_¿Hay alguna carrera más difícil que otra para enseñar de manera virtual?

_La carrera más numerosa en UMET es el profesorado de Educación Física. Lo primero que pensamos es que las actividades vinculadas a lo deportivo no se iban a poder enseñar y nos dimos cuenta que sí se podía. No es todo o nada, hay algunas cosas que sí y otras que no, que hay que dejar para después. Son más las cosas que sí se pueden que las que no. Educación de emergencia no es parche, no es hacer las cosas mal, sino que implica repensar todo y tratar de construir con la mejor buena voluntad posible entre docentes y estudiantes.

_¿Qué sucede con los alumnos que no tienen acceso a la tecnología necesaria?

_Fue una de las primeras cosas que nos preguntamos y enseguida relevamos la situación de nuestros y nuestras estudiantes. Lo que encontramos es que más del 80 por ciento accede al campus a través del celular. Eso lo tuvimos en cuenta en el diseño de las actividades pedagógicas. También vimos que muchos estudiantes de nuestra universidad no tienen un lugar propio para estudiar. Muchos son encargados o encargadas de edificio o viven en una familia que desarrolla esa actividad y las porterías son pequeñas. Y también acompañamos a los estudiantes que se pudieron conectar más tardíamente.

 

_Usted siempre remarca que la UMET es la universidad de los trabajadores y los sindicatos, en relación a eso, ¿hubo una baja en la matrícula a raíz de la profundización de la crisis económica?

_Hay muchas universidades que dicen que son universidades de las y los trabajadores, pero UMET tiene la particularidad de la cogestión sindical. Los sindicatos han sido las organizaciones más solidarias desde el comienzo de la pandemia. El 95% de nuestros estudiantes están becados, total o parcialmente, por los sindicatos. Si bien la actual situación ha traído algunas consecuencias en términos de cobros, de cuotas, somos muy pacientes porque es una situación muy particular y además lo podemos hacer porque nos acompañan los sindicatos, principalmente el Suterh, pero también muchos otros que pagan las cuotas para que afiliadas, afiliados, sus hijos, cuadros sindicales puedan acceder a la educación superior. Es bueno aclarar que acá la beca no es una respuesta a una carencia económica sino que es la muestra del compromiso de los sindicatos a la formación.

_¿Qué particularidades tiene la cogestión sindical?

_Tenemos una carrera de farmacia, el recorrido está pensado junto a los trabajadores de farmacia, que en general becan a trabajadores de farmacia que quieren acceder al título. Nuestras carreras de pedagogía fueron pensadas con cinco sindicatos docentes. En el CITRA, las líneas de investigación responden a inquietudes relacionadas a las necesidades del movimiento obrero, por lo que tenemos la intersindical de Cultura, la de Estudios de Género, la de Condiciones de Trabajo y la de Formación. Nuestra mirada es desde el mundo del trabajo. Tenemos carreras que están pensadas para la formación de cuadros sindicales, como Economía o Relaciones de Trabajo y tenemos en trámite la aprobación de la carrera de abogacía.

_El ministro de Educación, Nicolás Trotta, fue rector de la UMET, ¿eso plantea un mayor desafío para ustedes como universidad?

_Nicolás Trotta es un cuadro y militante político de muchos años, ya había tenido cargos en jefatura de Gabinete y fue el fundador de los jóvenes K. Su mirada y energía fue muy importante para UMET. Pero además el tema de la educación es una obsesión. Otros tenemos un compromiso con la realidad pero no somos militantes políticos. Yo soy investigadora del Conicet y docente universitaria. En UMET algunos tenemos más una tradición académica, otros son cuadros políticos. Y el vicerrector, Javier Delgado, viene de una pequeña empresa que se dedica al software. Por eso, es un poco injusto decir que Nicolás salió de la UMET. Le aportó su empuje, su fuerza y la convirtió en un lugar de referencia.

 

 

 

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Gabriela Vulcano

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