Los intendentes pusieron en juego su futuro como espacio unido de poder. Las versiones sobre una mejor convivencia con María Eugenia Vidal los pusieron bajo un control de fuego para certificar su posibilidad de construcción, por encima de la capacidad de destrucción que supieron ganarse en elecciones pasadas.

Los jefes comunales dieron cuenta de una linealidad casi inédita, con el cuidado de los votos para la boleta completa en todas las tiras electorales. Así quedó despejada la duda sobre la tracción negativa de Axel Kicillof ante la ola positiva de la fórmula Fernández-Fernández y abrió la incógnita sobre la responsabilidad de la victoria.

Lo cierto es que ahora se espera una profundización de las relaciones entre la fórmula gobernadora con los intendentes, sin subestimar la elección de octubre, pero ya con la mirada puesta en acciones de gestión ante una situación que dejó en claro que la incidencia de la economía en la votación fue clave.

Ya se abrieron dos frentes de discusión: habrá un grupo que buscará discutir cargos para la conformación del nuevo Gabinete bonaerense; y otro que buscará ponerle límites y desarrollos a la plataforma de Gobierno de Axel. Todos le reconocen capacidad técnica y poseedor de una gran imagen electoral, pero será clave la demostración de conducción y liderazgo del candidato del Frente de Todos de ponerle coto a una avanzada triunfista que podría jugarle en contra, y que lo colocaría en un frente de desventaja sin siquiera haber ganado la elección que vale.

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