El Gobierno de Mauricio Macri completó el giro de 180  y abrazó todo aquello acerca de lo que había abjurado y que estaba inoculando a cuentagotas.  Con el Plan de Medidas Económicas y Sociales anunciado, en cinco páginas, barrió con los prejuicios para intervenir en todos los sectores posibles: sector financiero, mercado de alimentos, energía, servicios públicos y lo más extremo, el congelamiento de precios.

Llama la atención que el paquete nacional no haya incluido en la previa un acuerdo con las provincias sino todo lo contrario. En el paper que distribuyeron con la enunciación de las medidas se aclara por ejemplo, que el congelamiento de tarifas eléctricas y transporte rige sólo para el alcance nacional y que si hay más aumentos son a cuenta de las provincias y municipios. Un nivel de desentendimiento de la necesidad de coordinación inusual, máxime cuando Cambiemos ha hecho un culto discursivo del diálogo y el consenso.

Menos etéreo y más concreto: los gobernadores de Cambiemos tanto radicales como Alfredo Cornejo y Gerardo Morales, como del Pro, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, le habían pedido alivios tarifarios. Ahora deberán cargar con las presiones de las empresas. Vidal debe estar arrepintiéndose de haber aceptado la transferencia de Edenor y Edesur. 

Es probable que los ideólogos de las medidas crean que se está blindando la figura de Mauricio Macri. Pero la suerte del presidente no estará desvinculada de los avatares de las provincias que gobierna.

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