La probabilidad cierta de una tercera guerra mundial es una preocupación del presidente de Estados Unidos, Joseph Biden. Así se lo manifestó a sus pares del continente durante un almuerzo a puertas cerradas que tuvo lugar el último viernes, antes de la sesión final de la IX Cumbre de las Américas que se desarrolló esta semana en Los Ángeles. El mandatario argentino, Alberto Fernánez, estuvo presente en esa comida y planteó la intranquilidad que existe en los países en desarrollo y más vulnerables ante el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Grupo Crónica pudo construir qué se dijo en ese encuentro y cuál es la postura de la Argentina en materia de política exterior.

Para el tercer y último día de la Cumbre, la agenda de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac) y los cuestionamientos al norte del continente habían quedados claros cuando Fernández, en su rol de presidente pro-témpore de esa comunidad, aseguró: “Tenemos miradas distintas, pero compartimos preocupaciones semejantes en este presente tan complejo”, aseguró.

La frase resume lo que fue un discurso que recorrió las urgencias y necesidades de reformas de las políticas que aplican los países centrales y que son dañinas para los pueblos; pero además sirve de preámbulo a la conversación que mantuvieron a puertas cerradas los mandatarios americanos que viajaron a Los Ángeles y el estadounidense, Joe Biden, el anfitrión. 

Para el líder demócrata “las consecuencias de una posible tercera guerra mundial serían inimaginables”. Según información que fuentes de la delegación argentina compartieron con este medio, Biden hizo esa afirmación y se mostró escéptico a la posibilidad de una pronta solución como la que le pidieron gestionar a lo largo de la Cumbre otros líderes del continente. 

Para él, el riesgo de una tercera guerra mundial “es muy grande” de acuerdo a lo que planteó el último viernes en el almuerzo ante la mirada atenta de sus pares americanos. A su vez, Grupo Crónica pudo reconstruir que ese pesimismo se basa en información clasificada a la que accede el jefe de la Casa Blanca.

La probabilidad de un conflicto global ya había sido evaluada por Biden el último 11 de marzo cuando públicamente alertó al Kremlin (la sede oficial del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin) que "pagará un alto precio si usa armas químicas" en Ucrania. 

La alerta del norteamericano se produjo antes de la sesión final de la Cumbre, cuando invitó a todos sus colegas a un almuerzo distendido en el que sólo otros siete mandatarios fueron convocados a tomar la palabra, entre ellos, Fernández (a quien lo acompañó el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa). 

También hablaron allí los jefes de Estado de República Dominicana (Luis Abinader), Canadá (Justin Trudeau), Trinidad y Tobago (Paula-Mae Weekes), Barbados (Mia Mottley) y Chile (Gabriel Boric).

Christopher Dodd, el "enviado especial" para la Cumbre (un ex senador demócrata) ofició de maestro de ceremonias y repartió la palabra en la mesa donde el menú fue burrata, pollo y té helado. Este hombre de confianza de Biden estuvo en la Casa Rosada reunido con Fernández dos semanas atrás para conversar sobre las dudas que tenía el gobierno argentino de participar en la Cumbre por las exclusiones de Cuba y Venezuela.

Al tomar el micrófono en el almuerzo, el mandatario nacional dio por concretado el planteo que hizo en nombre de la Celac y aprovechó la oportunidad para hacer hincapié en “la preocupación por lo que ocurre con Rusia, “un problema que no es de Rusia con la OTAN, sino global y que ya está afectando a los países más vulnerables”. En ese marco, Fernández pidió, una vez más, que los representantes de estos países “se sienten en la mesa donde se toman las decisiones”.

Se trata de un pedido que el gobierno argentino ya había realizado el mes pasado ante los mandatarios de España (Pedro Sanchez), Alemania (Olaf Scholz) y Francia (Emmanuel Macron) cuando Fernández viajó a Europa y que interpreta fue escuchado por un resultado concreto: el mandatario argentino fue invitado a la cumbre del G7 y será el único jefe de Estado latinoamericano que participará a fines de junio en Baviera, Alemania.

La presencia argentina allí se da entonces en el marco de una reconfiguración política y económica del mundo en la que las proteínas (un insumo que el país ya produce a gran escala) y la energía (un insumo con gran potencial de producción y exportación a gran escala por el yacimiento Vaca Muerta en Neuquén) tendrán un rol central. 

Ocurre que las potencias occidentales podrían diversificar, en este marco, desde donde obtienen esos insumos básicos. Los europeos, por ejemplo, tienen gran dependencia del gas ruso y del trigo ucraniano. El faltante de esa producción como consecuencia de la guerra ha derivado en una disparada de la inflación en países donde ese problema estaba solucionado hace décadas y lo ha agravado en otros, como la Argentina, donde aún no se encontró forma de erradicarlo.

Por su parte, además del potencial de aportar a esa creciente demanda, la Argentina tiene a su favor una cuestión estratégica como lo es la lejanía de las zonas de conflicto, ubicación que permitiría asegurar las entregas. Los desafíos a corto y mediano plazo que encara el gobierno del Frente de Todos se centran, por ende, en conseguir acuerdos de inversiones para avanzar cuanto antes con la infraestructura que falta para exportar gas.

La escalada del conflicto bélico que dio lugar a estos cambios aún no encontró su techo de acuerdo a la mirada del presidente estadounidense Biden y la Argentina se prepara para el desafío de jugar un rol central como proveedor estable de ambas necesidades.

Un reconocimiento de Biden a los cuestionamientos de sus pares americanos

Biden respondió también en ese almuerzo al cuestionamiento de Fernández (públicamente respaldado por otros mandatarios de centroamérica y sudamérica) sobre la política exterior estadounidense. 

El presidente argentino dijo ante Biden el último jueves en el segundo día de la Cumbre de las Américas: “Los años previos a su llegada al Gobierno de los Estados Unidos de América, estuvieron signados por una política inmensamente dañina para nuestra región desplegada por la administración que lo precedió. Es hora de que esas políticas cambien y los daños se reparen”, exigió.

Y agregó: “Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia. Se han apropiado de la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo que históricamente estuvo en manos latinoamericanas. Fueron desbaratadas las acciones de acercamiento a Cuba, en las que el Papa Francisco medió, que habían significado avances logrados por la administración de Barack Obama, mientras usted era vicepresidente. La intervención del gobierno de Donald Trump ante el Fondo Monetario Internacional, fue decisiva para facilitar un endeudamiento insostenible en favor de un gobierno argentino en decadencia. Lo hizo con el solo propósito de impedir lo que acabó siendo el triunfo electoral de nuestra fuerza política. Por tamaña indecencia sufre hoy todo el pueblo argentino”.

Al respecto, las mismas fuentes de la delegación que viajó a Los Ángeles con Fernández contaron a Grupo Crónica que el mandatario estadounidense reconoció el daño causado y aceptó que, a causa de conflictos en otras partes del planeta, actualmente mantiene postergada su atención hacia América Latina. “No soy yo quien debe pedir disculpas pero es cierto lo que dijiste”, sostuvo Biden sobre el asunto señalando al jefe de Estado argentino y en referencia puntual a las políticas del ex presidente republicano, Donald Trump.

Por F.G.