Los mismos a los que ayudó a llegar, directa o indirectamente, a la Casa Rosada en 2015, en tan sólo tres meses y medio, contribuyeron en gran medida para que cayera en las encuestas, más allá de las propias deficiencias de su gestión. La política económica del gobierno de Mauricio Macri que desembocó en una crisis y un pedido de salvataje al Fondo Monetario Internacional ( FMI) empujó a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, a sacrificar una parte de su capital político y un porcentaje de los recursos de su administración para 2019, dos razones más que suficientes para hacerla tomar distancia del manejo de la actual "tormenta" ideada por el consultor Jaime Durán Barba.

"Ella no decide nada", apuntó a este diario uno de los colaboradores más cercanos a la mandataria de la provincia de Buenos Aires, a pesar de que es una de las integrantes de la mesa política de alianza Cambiemos, junto al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; y el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. La reflexión está lejos de ser una queja, más bien buscar despegar a Vidal del rumbo económico que desde el Poder Ejecutivo nacional ratifican en público una y otra vez, pero sobre todo de las herramientas que utilizan para hacer frente a la corrida cambiaria, la inflación y la recesión.

"Reconozco que este es un momento difícil, que la gente no la está pasando bien", manifestó Vidal durante el fin de semana pasado en un timbreo en la ciudad bonaerense de Mar del Plata. Y concluyó: "A mí me preocupa la inflación, que cada bonaerense pueda llegar a fin de mes". Por lo bajo, ese discurso se repite entre los funcionarios del gobierno provincial, pero con un tono más crítico hacia el oficialismo nacional en cuanto a lo económico y el manejo político.

Aún en el marco de los recortes cercanos a los $25.000 millones que deberá afrontar el año próximo para colaborar en la reducción del déficit fiscal al 1,3% del PBI; según una fuente del Gabinete bonaerense, la principal preocupación de Vidal sobre la situación económica no radica tanto en la posibilidad de un estallido social por falta de comida, sino en "la falta de changas, que en algunos casos eran el único ingreso familiar y, en otros, ayudaban a complementar un salario bajo". A eso se suma, el temor por el crecimiento de la pobreza, algo que el propio Macri se adelantó a anunciar días atrás en un mensaje muy alejado del que pregonaba "Pobreza Cero".

En el gobierno de la provincia de Buenos Aires confían en que el aceitado vínculo que tienen con las organizaciones sociales, más el fluido diálogo de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, con muchas de ellas, contribuirán a contener el descontento social, pero no se atreven a garantizar que tanto Vidal como el presidente no continúen cayendo en los números de las encuestas.