El planteo de una “crisis heredada”. Movilizaciones masivas. Huelgas de las centrales sindicales. Manifestantes y policías en batalla campal. Bloqueo de rutas. Podría ser la descripción de la última semana que atravesó Argentina. Pero es la pintura de lo que sucedió en los últimos meses en Brasil, donde el presidente Michel Temer intenta cambios en el sistema previsional que no puede destrabar en el Congreso. El elogio que le dedicó ayer a su par Mauricio Macri, por haber sancionado la ley que cambia el cálculo de los futuros aumentos y que retirará del reparto unos 80.000 millones de pesos, pareció una expresión de envidia... o de deseo. Temer va a insistir con su propia reforma jubilatoria en febrero, justo cuando el Gobierno argentino avance con otra norma compleja, la reforma laboral. Brasil sancionó la propia a mitad de año y el macrismo prometió no imitar la dureza del texto. En el caso de las jubilaciones, Temer no se animó a tanto.