E n la Casa Rosada se respiró a fin de año el alivio de haber atravesado la sucesión de cruciales votaciones para votar el paquete de leyes económicas que pidió Mauricio Macri. El desgaste del Gobierno se sintió en la caida de casi 10 puntos en la imagen positiva de la gestión del oficialismo y en la exposición a la que sometió a propios y aliados. Los ataques de ira del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y del titular del bloque de legisladores del Pro, Nicolás Massot, contratastaron con el ruidoso silencio del jefe del interbloque Cambiemos, el radical Mario Negri, cuando se votó la cuestionada reforma previsional. Los gobernadores provinciales pusieron la cara (herejía y necesidad) y convalidaron el despojo futuro del sistema previsional a cambio de un presente sustentable para los estados federales. Los jubilados, pensionados, beneficiarios de asignaciones y pensiones no están solos en la desgracia porque la ley se superpuso con otra tanda de ajustes de precios producto del salto del dólar y de las actualizaciones tarifarias previstas. ¿Alcanza?

La preocupación principal de la etapa que viene está puesta nuevamente en el défi cit. Y el Gobierno quiere dar la señal de austeridad. Desde la Jefatura de Gabinete le ordenaron a todos los ministerios que efectúen un recorte de entre 20 y 30 por ciento de los cargos para producir un ahorro simétrico, que llevará a la eliminación de subsecretarías y direcciones. No se espera un anuncio masivo de esos recortes, sino que cada Ministerio haga los deberes y los exhiba como señal de austeridad.

Otras dos preocupaciones cruzan los paisllos de Balcarce 50: la necesidad de redinamizar el Gabinete nacional, con más voceros políticos para comunicar las medidas. Por ahora, las versiones se limitan al “ajuste” en segundas líneas de los Ministerios, y no a un recambio de titulares de cartera a pesar del desgaste que tienhen varios integrantes del elenco como la ministra de Seguridad, Patricia Bullirch, con el manejo de los casos de la desaparición de Santiago Maldonado y el asesinato de Rafael Nahuel en el sur; y su par de Defensa, Oscar Aguad, por el caso del submarino ARA San Juan. “Macri nunca se desprendió de un ministro por desempeño. Sí lo hizo cuando no jugaban en equipo”, se sinceró un funcionario con despacho en la casa Rosada recordando las dos salidas importantes del equpo económico: el entonces ministro Alfonso Prat gay y el titular del Banco Nación, Carlos Melconián. El otro aspecto que necesita “ajuste” es el engranaje político-parlamentario. Si bien entienden que la negociación con los gobernadores alcanzado en el marco del nuevo Pacto Fiscal es un “acuerdo estable”, la relación debería pasar más por el ala política que por el carril económico que capitaneó el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

Eso sí, saben que el ajuste de la política será insuficiente si el nuevo corredor económico en el que eligieron cerrar el año 2017 y comenzar a andar el 2018 no empieza a mostrar reacción en la recuperación del consumo masivo, en la baja de la inflación y en la reactivación económica. Sin ese marco, cualquier señal política se escurrirá por el agotado bolsillo de los votantes que pueden darle un poco de oxígeno pero serán mucho más exigentes cuando se termine el año y se perfilen las nuevas elecciones ejecutivas.