En Argentina hay unas 12 millones de mujeres y personas que menstrúan. La mayoría de ellas utilizan toallitas y tampones, productos descartables que al año producen más de 132 mil toneladas de basura no reciclable ni biodegradable. La preocupación por promover una gestión sustentable de la menstruación llegó al Estado, con 14 proyectos de ley presentados en el Congreso y un Foro de Justicia Menstrual en el ámbito ejecutivo.

¿Qué implica avanzar hacia una menstruación sustentable? Los focos son varios: el ambiental, el costo económico, la salud del cuerpo y más. El más palpable es el de la contaminación por los productos descartables: “Son residuos patógenos que tardan hasta 500 años en degradarse, pueden filtrarse y contaminar aguas subterráneas, arroyos y lagos, produciendo problemas graves de salud”, explicó a BAE Negocios la diputada nacional Daniela Vilar, quien presentó en el Congreso un proyecto para crear un Plan Nacional de Gestión Menstrual Sustentable.

La iniciativa, entre otras cosas, insta al Estado a “crear políticas de incentivo a la producción nacional de productos de gestión menstrual sustentable” y crear un Observatorio de Gestión Menstrual “para que tengamos información completa sobre todos los productos de gestión menstrual que existen y su impacto en la salud y en el ambiente”. De esa forma, propone “suplir la falta de datos e información que existen sobre este tema y generar evidencia sobre el impacto económico, ambiental y en la salud”, que posibilite “hacer políticas públicas adecuadas para abordar la problemática”, sostuvo la diputada.

El costo de los productos de gestión menstrual es otro punto clave que abarca el proyecto, ya que propone incluirlos en Precios Cuidados, al igual que otras iniciativas presentadas en el Congreso. “El acceso a los productos de gestión menstrual es un factor muy fuerte de desigualdad que está completamente invisibilizado. El costo anual de los productos de gestión menstrual puede llegar a representar en promedio un 10% del ingreso de las mujeres, en un contexto de feminización de la pobreza donde el 70% de las personas pobres son mujeres”, remarcó Vilar.

Por año, las personas menstruantes gastan entre $1.933 y $4.327 en toallitas y tampones, precios que varían según qué productos usen o si acceden o no al programa de Precios Cuidados, según datos del primer informe de Justicia Menstrual publicado hace dos semanas por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía y la Subsecretaría de Asuntos Parlamentarios de Jefatura de Gabinete.

Dos de los 14 proyectos vinculados a la gestión menstrual que fueron presentados en el Congreso incluyen eliminar el IVA de estos productos, y otros buscan promover la producción nacional. Ambos puntos ayudarían a reducir los costos.

Sin embargo, a nivel individual, hay otra forma de ahorrar: una copa menstrual vale en promedio $1.500 y dura entre 5 y 10 años, mientras que usar toallitas implica un gasto anual de al menos $2.000. “Hacés una inversión en los productos reutilizables, que son más caros, pero en el largo plazo no volvés a comprar. Una vez que te armás un kit ya está, no es un gasto mensual”, explicó Carolina Zotta, activista de la menstruación sustentable, quien también participó de actividades y reuniones de cara a la redacción del proyecto de Vilar.

Zotta destacó que "hoy la menstruación es parte de la agenda política" gracias a espacios autogestivos que se dedican a la gestión sustentable hace muchos años. “Ahora que el Estado se empezó a interesar por la problemática de la menstruación se abren un montón de puntos a tener en cuenta sobre cómo van a abordar la implementación de las políticas. Por eso desde el activismo pedimos una mirada integral sobre la menstruación", remarcó.

En la siguiente nota, Zotta explica cómo los productos sustentables pueden ayudar a resolver las diferentes desigualdades que atraviesan la gestión de la menstruación.

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