En Nación rebosan de optimismo y destacan la recuperación de Mauricio Macri en el mano a mano con Alberto Fernández por la presidencia. De igual modo, dan por descontados los triunfos de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad y de María Eugenia Vidal en provincia. Los operadores bonaerenses de Juntos por el Cambio, sin embargo, no cesan de señalar que corren de atrás en la carrera por la reelección en el principal distrito del país. Más aun, se perciben seis puntos abajo y señalan que se conformarían con quedar a menos de 4 puntos de Axel Kicillof en las primarias para pegar el salto en los comicios de octubre.

Más importante que dilucidar quién falsea datos es reconocer que incluso con distintas percepciones del escenario ambos juegan la misa estrategia. Y ese planteo compartido justifica el temor de la gobernadora, le exige una dedicación mayor en lo que resta de campaña y, a la vez, una dosis mayor de suerte en el conteo final. El planteo de fondo es el mismo: la polarización extrema permitirá quedar cerca en agosto y forzar a la sociedad a votar en blanco o negro en octubre. Quemar etapas y transformar las PASO en la primera vuelta y la primera vuelta en el balotaje.

Con opuesta percepción de quién es blanco y quién negro, el Frente de Todos acepta y también promueve el mismo juego. Según los expertos, más del 80 por ciento del electorado ya está polarizado. La proyección hace pensar que el Boca River pueda quedar resuelto en octubre si uno de los candidatos alcanza el mágico 45 por ciento. En ese caso, no importará la diferencia entre el primero y el segundo.

El esquema le da más esperanzas a Macri que a Vidal. Por varios motivos. En principio, porque el cuadro es distinto al de 2015, cuando la mala imagen de Aníbal Fernández hizo la mayor parte de milagro para la entonces candidata de Cambiemos. El corte de boleta entre Fernández y Kicillof no será significativo. Alberto, y Cristina, juegan con los votos propios, y entre ellos no hay una deserción considerable hacia el postulante al sillón de Dardo Rocha.

Es por eso que Vidal salió a instalar el cuco de La Cámpora, argumento al que no se recurrió en Nación. Lo mismo con el "marxismo" de Kicillof, que busca generar una grieta entre los propios peronistas. Más sensatos, en los últimos días confiaban en La Plata en que, ante un escenario favorable hacia Vidal en octubre, algunos intendentes del PJ, en defensa propia, terminen repartiendo votos diferenciales en el casillero gobernador para no correr riesgo de perder sus cargos.

El balotaje le dio el triunfo a Macri en 2015, pero la proeza no escondió una derrota en provincia

Si es por buscar corte para sumar votos no propios, Vidal debería priorizar en la adición al 20 por ciento que cuatro años atrás se inclinó por Felipe Solá, referenciado en la tercera vía. Bali Bucca, se prevé, quedará por abajo de lo poco o mucho que saque Roberto Lavagna para presidente.

Pero aún sumados masivamente los votos de Consenso Federal, de Espert y Gómez Centurión, y todo otro voto independiente que quede por rapiñar, la ecuación sigue siendo peligrosa. La polarización total que tanto busca el oficialismo para octubre tiene un antecedente directo en el balotaje del 2015. Dulce para Macri, peligroso para la gobernadora. En esa segunda vuelta presidencial, cuando se sometió a todo el país a definir entre dos boletas, Macri perdió por algo más de dos puntos en provincia frente a Daniel Scioli. Una proeza que le alcanzó para coronarse Presidente. Para salir indemne de ese juego, Vidal necesitaría hacerse de votos que hasta ahora nunca se tiñeron de amarillo.

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