La plaza del Congreso quedó en suspenso unos segundos, los que se demoran en procesar los votos de los 256 diputados sentados en el recinto y a los que se veían a través de las pantallas al costado del Palacio. Afuera contaban. Adentro ya habían contado y sólo faltaba que convalidara el tablero electrónico. 

Apenas se había escuchado al presidente del cuerpo, Emilio Monzó, anunciando que el tiempo de votación estaba cerrado y se estaban calculando los votos. Tampoco se escucharon los gritos del recinto porque afuera, sobre Rivadavia, sobre Callao, miles de personas gritaron al unísono revoleando pañuelos verdes, saltando y cantando superponiendo a los rastros del cansancio las lágrimas de emoción. Chicas y chicos, mujeres y hombres, en grupo, en parejas, solos, solas. Muchos y muchas habían pasado la noche sobre la calle, envueltos en frazadas para atravesar la jornada más fría del año.

 

Los restos del fuego que habían calentado la noche todavía ardían a las 9.30 cuando comenzaba el desenlace en el recinto. A esa hora ya estaban cerrando las ponencias. Con el titular del bloque del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, pidiendo a sus colegas que "voten por mi hija como yo lo haría por las de ustedes" y cerrando su discurso con el lema de quienes impulsaron la despenalización: que sea ley. Y Silvia Lospennato, del Pro, emocionando adentro y afuera del recinto planteando la legalización como una cuestión de salud pública, recogiendo sin particularizar, las razones de quienes se opusieron, y cerrando igual que varios legisladores de la oposición: "Que sea ley".Ovacionada adentro del recinto, en las afueras del Congreso comenzaba a palpitarse el final. 

Gritos y abrazos. Mochilas apiladas en el suelo para liberar las manos y saltar. Sonrisas y cantos. "Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, ahora el patriarcado se va a caer". No hubo cantos en contra de nadie. La transversalidad de la votación en Diputados y el debate al interior de cada partido fue un espejo de la sociedad que, en sus casas, en sus trabajos, en reuniones sociales, en grupos de chat de amigas, amigos, familia debatió las diferencias sobre la despenalización del aborto, sobre embarazos no deseados, sobre el rol del Estados, sobre los contornos de la ley y de la experiencia. Porque a todos, todas, a cualquiera le pasó, le pasa o le puede pasar.