“El uso de todos los transportes de dos ruedas se va a incrementar. Pero nadie se va a venir en bici de Moreno todos los días a trabajar, está claro que muchos se van a volcar a las motos. Y está estudiado que cuando la gente accede a la moto no vuelve al colectivo”, reflexiona Jorge Rubino, a cargo del área motociclistas de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV).

Su prédica no parece encontrar eco en los que deciden las políticas del área. La ANSV, dependiente del ministerio de Transporte nacional, realiza recomendaciones, pero no define los caminos a seguir. Y en todos los ámbitos decisorios rechazan por estas horas la promoción del uso de las motos.

Razones no faltan. La principal tiene que ver con la siniestralidad que representa este tipo de vehículos en la estadística nacional. La bicis, aún las de pedaleo asistido, no pasan de los 25 kilómetros por hora. Con las motitos se superan los 60. Y eso se cuenta en muertes y en internaciones graves.

En la Ciudad es más viable promocionar el pedaleo; en provincia no parece haber opción.

“El temor es un error, una parte importante de la población se va a volcar a las motos para escapar del contagio, aunque el Estado lo desaliente. En lugar de odiarlas hay que integrarlas”, define Pablo Martínez Carginano, titular de la ANSV.

Para ello, se debe trabajar en varios ejes. Pacificar el tránsito (bajar el promedio de velocidad de circulación de los autos) o brindar espacio exclusivo o prioritario para circular (incluso en autopistas) son algunos de los caminos previstos para amigar las motos con el paisaje urbano. Al mismo tiempo, establecer incentivos, como no pagar peaje, y fijar lugares exclusivos para el estacionamiento en las calles. “Con las motos en los primeros metros de cada cuadra, además de sacarlas de las veredas se facilita la visión de todos los actores en cada bocacalle”, apunta Rubino.

Su entusiasmo no sensibiliza por ahora a la dirigencia política. “Y sin embargo se mueve”, habría dicho Galileo Galilei cuando el sentido común imperante rechazaba lo que a él le parecía obvio. La historia le dio la razón.