El reformismo permanente empieza a encontrar los límites que exponen la diferencia entre gestionar el Estado y la actividad privada. El Estado, aunque cueste entender desde el razonamiento de empresarios o ejecutivos, no busca un fin de lucro y tiene límites éticos y morales. El debate sobre qué Fuerzas Armadas necesita un país que no tiene hipótesis de conflictos limítrofes quedó pendiente en la democracia por la conflictiva transición con los intentos de golpes de Estado a Raúl Alfonsín y el levantamiento contra Carlos Menem que demoraron el cierre de los juicios por las atrocidades contra los derechos humanos cometidos por integrantes de esas mismas fuerzas. El paso adelante que se necesita no puede ser insistir con las hipótesis de conflicto interno: ni el terrorismo ni el narcotráfico son áreas de influencia de las FF.AA. Aún cuando desde una silla de CEO se evalúe que es más rentable.