Hasta la noche de ayer, las encuestas dejaban entrever una hipótesis extraordinaria: contradiciendo al célebre "es la economía, estúpido", el desplome de la macro no iba a tener demasiado impacto sobre el desarrollo de las PASO. Incluso con las actividad económica redondeando una caída de 3,4% entre enero del 2016 y mayo del 2019; con el salario perdiendo 16,4% entre noviembre y junio y con el empleo asalariado registrado bajando 3% entre fines del 2015 y mayo. La diferencia de 15 puntos en la PASO terminó mostrando el impacto de la economía y el bolsillo en las urnas.

La crisis iniciada en 2018, generada por el rojo de balance de pagos, pasó factura. El director del CESO, Andrés Asiaín, dijo a BAE Negocios: "La política oficial para llegar a las elecciones no alcanzó para contrabalancear una actividad económica privada que se cae a pedazos, por la tasa, por la pérdida de salario que paralizó el consumo y por la fuga, que muestra la desconfianza".

Y agregó: "El Gobierno se endeudó y no resolvió ninguno de los problemas estructurales que estaban detrás de la falta de dólares ya durante el período anterior. Si tenés déficit de turismo y lo alimentás con dólar atrasado, y déficit comercial y lo alimentás con apertura, y fuga y lo cubrís con plata prestada, vas a una crisis inevitable".

El economista de la Fundación Germán Abdala, Leandro Ottone, dio su visión: "La economía manda. A las elecciones las define el bolsillo. El Gobierno necesitó perder unas elecciones para darse cuenta de que no mentían los indicadores económicos que mostraban una fuerte caída de la actividad, la inversión, el salario y el consumo".

El oficialismo terminó pagando en las PASO la crisis por balance de pagos del 2018

Incluso las provincias más beneficiadas por el nuevo esquema de distribución de transferencias automáticas desde el Estado nacional, que representan el grueso de los recursos enviados, no le reportaron al Gobierno resultados claramente positivos en las PASO. CABA, PBA, Córdoba y Santa Fé fueron las que mejor salieron paradas por la devolución de precoparticipación del 15% destinado a Anses y los cambios en la distribución de impuestos como Ganancias y Cheques generada por el Consenso fiscal de 2017.

La coparticipación trepó, según IARAF, 9,7% real durante la gestión Cambiemos. El 39,9% de esa mejora se concentró en CABA, el 32,7% en PBA, el 7,6% en Santa Fé y el 6,3% en Córdoba.

Sin embargo, al cierre de la edición, en PBA la PASO cerraba con una diferencia de 50,56% contra 30%, en contra del oficialismo. En CABA el resultado era a favor del Gobierno pero 44,56% a 33,16%, un margen mucho más ajustado que el 50,61% a 24% de las PASO del 2015. En Córdoba Juntos por el Cambio lograba un 48,18% a 30,39% menor que el 53,22% a 19,26% del 2015. Y en Santa Fé el abultado 43,62% a 33,88% favorecía al Frente de Todos, que revirtió con creces el resultado del 2015.

Dos explicaciones aparecen entre los especialistas: por un lado, la debacle 2018-2019 de la macro no puede ser contrarrestada por el gasto estatal y menos en provincias como Córdoba, Santa Fé, CABA y PBA, en las que la actividad privada en general, y la industrial en particular, tiene mucha importancia. Por otro, mientras las transferencias automáticas trepaban, el ajuste fiscal impuesto por el FMI fue muy fuerte para las discrecionales, con un marcado parate en la obra pública.

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