El Congreso será el lugar para descifrar, minuto a minuto, los vaivenes de la política en la nueva etapa que se abre a partir de hoy. Todos los espacios asumirán desafíos y deberán negociar para posicionarse.

Aun con mayoría en ambas cámaras, Alberto Fernández estará obligado a parlamentar. La jugada maestra de reunificar todas las vertientes orgánicas del peronismo en la boleta del Frente de Todos se tradujo en el contundente triunfo electoral, pero la armonía no está garantizada. Sergio Massa será el presidente de Diputados y buscará ejercer los dotes que comparte con Alberto: será un operador, buscará ser un facilitador, mucho más allá de las fronteras del nuevo oficialismo, para construir consensos. Para los que la reclamaban, la rosca volverá en su máxima expresión. De entrada, habrá que ver cómo se terminan de reacomodar los bloques peronistas. Lógicamente, la gran mayoría buscará lugar debajo del gran paraguas ganador. Sin embargo, no serán pocos los que, con mandato de sus gobernadores, estén dispuestos a acompañar la agenda que se plantee de aquí en adelante pero desde una cierta distancia. Otros, los menos queridos, los menos, terminarán en el armado de Emilio Monzó y Horacio Rodríguez Larreta. También ellos recibirán sonrisas y comprensión por parte del líder del Frente Renovador.

La segmentación de los peronismos se advertirá con más nitidez en el Senado, donde la cara visible será la de Cristina Fernández, que manejará los hilos desde la presidencia de la Cámara. Ya son varios los que adelantaron que garantizarán respaldo a las iniciativas oficiales sin mezclarse en las reuniones de bloque con los senadores kirchneristas.

Ese proceso de amalgamar identidades diferenciadas y de dejar atrás viejos rencores, correrá de la mano de los resultados de la gestión. “Voy a ser ortodoxo en algunas cosas y heterodoxo en otras”, sostuvo el Presidente electo en el debate realizado en Santa Fe. Poco valorada, tal vez fue la definición más importante de los intercambios entre candidatos. La dijo respondiendo a Nicolás del Caño, que lo apuró exigiéndole una definición sobre el proyecto de la izquierda de retrotraer inmediatamente las tarifas a valores de 2017. La respuesta hubiera inquietado menos al progresismo si hubiera sido directamente negativa. La izquierda expuso al pragmático. Para esa dualidad del futuro jefe de Estado, Massa será el mejor intérprete. El peronismo es pragmatismo absoluto, aunque algunos pretendan presentarlo como dogmático.

La tropa de Roberto Lavagna aportará cuadros, siempre desde la independencia. En la nueva oposición, el posmacrismo viene pregonando hace rato un mensaje conciliador, alejado de la grieta. Macri intentará disputar ese liderazgo, sabedor de que la exposición a la que se sometió en el tramo final de la campaña le da derecho para reclamar cada uno de los votos obtenidos. Por lo que se avizora, al menos en principio, hará valer su liderazgo para sentarse en la mesa, para mostrarse como ejemplo vivo de convivencia.

Mientras la realidad soporte el uso de recetas ambivalentes bajo la bandera del consenso, todos jugarán a la unidad nacional. En tanto la crisis se prolongue, el juego se volverá áspero e interesante. El Congreso será el termómetro de ese devenir.