Juan Carlos Pallarols, el orfebre más reconocido de Argentina, confecciona los bastones presidenciales desde 1983. En diálogo con BAE Negocios desde su taller en San Telmo, recuerda cómo fue la primera vez, considera que no fue a propósito que Macri no usó su bastón en 2015 y confiesa que el que hizo para Alberto Fernández podría ser el último.

¿Qué siente que se traslada simbólicamente en el bastón de mando?
Cuando le dan un bastón a un presidente de facto es un bastón frío y muerto, hecho por una máquina. En cambio este es un bastón elaborado por cientos de miles de personas con sus golpecitos, es un bastón construido por el pueblo. Esa es la fiesta

¿Cuándo tuvo por primera vez la idea de que lo cincelen cientos de miles de personas?
En 1983. Yo antes hacía bastones para una joyería, como un trabajo más. En 1982 me llaman y me piden hacer un bastón para las elecciones próximas, basado en un bastón tradicional como se hacía hasta entonces, de estilo europeo con borlas monárquicas, eclesiásticas y militares. Yo entonces presento un nuevo modelo que venía dibujando y estudiando. Pero me dijeron que con ese modelo no iba a tener lugar en la licitación. Entonces yo empecé a trabajar con periodistas como Néstor Ibarra y Fernando Bravo y vi que la gente empezaba a simpatizar con la idea. Un día me fui al colegio de mis hijos con el bastón y lo trabajaron 200 personas, y entendí que la participación de la gente enriquecía la obra así que empecé a girar con el bastón.

O sea que a usted primero lo convoca el gobierno militar.
Claro. Hasta que un día me llamó Alfonsín y me dice: “Yo no puedo hacer nada porque el traspaso lo organiza el gobierno saliente, pero lo voy a invitar y cuando vea que yo tengo la banda puesta acérquese y me da el bastón”. Y así lo hicimos. Y desde ese momento los bastones se hicieron con la colaboración de todo el pueblo.

¿Hay algún bastón de los que confeccionó desde 1983 que sea su favorito?
No, todos por igual, porque si hay bastón hay democracia y yo ya estoy contento. Tal vez el primero porque es el que tuvimos que pelear. Los demás fueron recibidos de buena gana.

¿Por qué este año fue al cuartel central de la Policía Federal a que cincelen el bastón?
Porque la Policía me ha ayudado mucho. Tengo muy buena relación con todas las instituciones: educativas, del arte, fuerzas de seguridad... Son todos argentinos. Puedo dejar afuera a alguien por criminal, pero nunca porque no haga mi mismo trabajo. En las dependencias de la PFA en todas las provincias tengo un lugar para descansar si necesito.

Este año la madera de urunday con la que hace el bastón fue brindada por la comunidad qom. ¿Cómo se dio?
Uno a veces hace macanas involuntariamente. Como los chicos que creen que el pollo sale de la heladera, yo siempre pedí la madera a un aserradero del Chaco. Hasta que los qom me dijeron: “¿No le parece que podemos ir al bosque y pedirle la madera al árbol?”. Entonces hicimos una ceremonia muy bonita y le pedimos a un árbol permiso para usar su madera.

Usted sentirá como cualquiera más o menos favoritismo por cada presidente. ¿Cómo hace para separarlo de su trabajo?
Hace años un periodista deportivo me contó que hizo una crítica y se sintió muy mal porque sintió que estaba defendiendo inconscientemente a su equipo, traicionando al público. Así que despidió a su club favorito y hoy dice que habla con total libertad. Yo hago lo mismo. Si la gente me habla bien de un candidato, fantástico, aplaudo con ella. Pero yo no tengo mi candidato. Para mí el candidato ideal es el que elige la gente.

¿Qué le parece la frase “Argentina de pie” que le pidió Alberto Fernández que añada al bastón?
Me parece muy constructiva. La gente dice que es una frase muy oportuna para este momento. Tenemos que estar de pie, en guardia, vigilantes de la democracia. Esto lo arreglamos todos o no lo arregla nadie.

¿Qué espera del próximo gobierno?
Que consiga corregir las cosas que han hecho poner triste a la gente. A mí me hubiera gustado que el presidente que termina el mandato hubiera acertado en todo. Pero como me dijo Alfonsín: “Hubo cosas que no supe, cosas que no pude porque no me dejaron y cosas que hice con toda felicidad”.

¿Cómo compararía esta transición con la de 2015?
La de 2015 fue caótica por todos lados, desde que la presidente saliente no quiso estar en la ceremonia, que dejaron el bastón a un lado, que hubo un presidente por 12 horas, que alguien me pregunta si yo hice una macumba… Todo eso me molestó muchísimo a mí y a la gente. Es algo que me trae muy malos recuerdos. Entonces que hoy discutan es sano, porque tendrán que tomar una decisión consensuada.

Usted había dicho que es mejor que los atributos se entreguen en la Casa Rosada, como marca la tradición. ¿Qué le parece que este año se entreguen en el Congreso?
La tradición era que la jura se hace en el Congreso por ser injerencia del Legislativo y la entrega de atributos es del Ejecutivo. Si se hizo así desde Gervasio de Posadas por qué cambiarlo. El viaje del presidente de Congreso a Casa Rosada es para buscar el bastón de mando. Hoy se hacen cosas que nunca se hicieron. Pero con tal de que lo hagan que lo hagan donde quieran.

¿Por qué cree que al final Macri no usó el bastón que usted le confeccionó?
Al final sí lo usó. Yo estuve muy triste porque no sabía qué había pasado. Pero un día vino la mamá de Macri (Alicia Blanco Villegas), me dice “Mauricio no conoce esto” (que no usó su bastón sino otro) y me pide si se lo puedo dar a ella. Y le digo que yo lo tengo que llevar a Casa Rosada, si quieren el Presidente. Entonces me citó el director de Ceremonial y le entregué el bastón. Yo ya no controlo si lo usa o no. De eso hará dos años y medio.

¿Cree que no lo usó en su asunción porque no quiso o porque alguien intervino sin su consentimiento?
Yo creo que no sabía si lo había hecho Damián Tessore o yo. Algún día alguien contará la verdad. Pero no usar mi bastón le trajo al Presidente más problemas que beneficios. Es posible que alguien pensara que le hacía un favor. No fue el pibe Tessore. No sé quién le encargó el bastón a Tessore.

El propio Tessore dijo en ese momento que lo hizo porque tenía la intención de que se abriera la confección a otros orfebres del interior.
Pero yo se lo ofrezco a todos. Ahora, por ejemplo, no hice el bastón de gobernador (de PBA) porque un alumno mío me dijo que le gustaría hacerlo y le dije que se presente él. Ya hice 19 bastones de gobernador. Tengo casi 80 años, ya no quiero laburar más.

¿Y el de Presidente sí le gusta seguir haciéndolo?
El de presidente sí. Pero no sé si no será el último. No sé qué va a pasar. Ahora estoy mucho más metido con las rosas de la paz que con los bastones. Tengo hijos, alumnos… Yo lo que no quiero es que se corte la tradición, porque a un país lo hacen las tradiciones.

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