Haciendo gala de un sentido del tiempo muy preciso, la administración de la gobernadora María Eugenia Vidal presentó en vísperas del Carnaval la Resolución 233/18; sin plumas ni brillos pero haciendo muchísimo ruido en la tranquilidad de los trabajadores auxiliares de la Educación. Y así, no sería de extrañar que los trabajadores vayan por el bombo y se encaminen cortando calles al son de sus consignas. No es para menos.

La 233 (así a secas la llamaré desde ahoraà) viene a reemplazar a la Resolución 2066/15 que regía el nombramiento y funciones de los auxiliares de la educación en la provincia de Buenos Aires. Y no es que uno se espante por el solo hecho de verificar que una nueva norma aparece en escena. Para nada. Aquí, el disfraz de "lo nuevo" oculta una redacción que, calificada con prudencia, puede ser descripta como torpe, inoportuna, inconsulta y temeraria.

En un principio, la nueva Resolución ha sido dictada vaya a saber en qué oscuro escritorio de algún iluminado funcionario; dejando de lado completamente a los actores que deberían haber participado en su discusión. Aquí no hay participación de técnicos ni trabajadores. Y la cena se sirvió fría en una mesa sin gremios.

Una de las críticas que se puede hacer rápidamente y de la simple lectura, es que se concentra todo el poder en los Consejos Escolares (a partir de ahora podrá excluir aspirantes); dejando de lado a los trabajadores organizados que ya no podrán, por ejemplo, participar en la confección de listados provisorios ni interponer recursos contra eventuales irregularidades. Tal vez lo más escandaloso del nuevo texto legal es la creación del "Túnel del Tiempo" creado en su artículo 5. Allí, los auxiliares retroceden en sus conquistas a una etapa previa a la 2066/15; mermando (recortando, podando o eliminando) los cupos SAE y afectando la cantidad de agentes. En sentido similar, la asignación de puntaje por cursos o lugar de residencia, también disminuye. Pero también nos trae modernidad la 233, siendo que elimina las inscripciones presenciales y por cartelera, obligándonos al acceso a través de la plataforma digital de la dirección general de Cultura y Educación. Quiera Dios, la Virgen y Telecentro que la misma sea estable y figure en línea. Algo me dice que desconfíe, pero me debo estar poniendo viejo.

En criollo: ha llegado el ajuste y aún con pocas ropas por las altas temperaturas, Vidal obliga a apretar el cinturón de esta comunidad de trabajadores imprescindibles para la gestión y puesta en marcha de nuestras instituciones educativas. Es Carnaval. De lejos... ruido, marcha y

calor. Pero al acercar la lupa vemos que no hay música sino gritos de los oprimidos, angustia y un colectivo que da pasitos para atrás como en un perverso juego de la oca, dejando en cada casillero una conquista o una esperanza.

Es época de la 233; que inaugura el corso a contramano. La gobernadora apretó el pomo, y sólo hay una clase de hombres que se mojan: los trabajadores.