Subterráneos de Buenos Aires y Metrovías sacaron de circulación “preventivamente” tres formaciones de la Línea B adquiridas al Metro de Madrid, luego de que la empresa española confirmó “la existencia de amianto en dos modelos de tren”, un material prohibido en ambos países por ser cancerígeno.

El comunicado informa también que el subte “exigió al metro español que confirme la presencia de este mineral” en las formaciones (usadas) modelo CAF 5000, “compradas en 2011 para hacer frente a la extensión de la línea, las necesidades de renovar el material rodante y la mejora de la frecuencia”.

El organismo estatal y la empresa concesionaria del subte porteño afirmaron que “este componente no representa riesgo para los pasajeros ni para los operarios si no es manipulado”.

Además, aseguraron que con la quita de estas tres formaciones de seis coches cada una -18 coches en total- “la frecuencia de la línea no se verá afectada”, en tanto siguen funcionando normalmente las otras 24 que prestan servicio en el recorrido entre Leandro N. Alem y Juan Manuel de Rosas.

El pasado viernes, el portal del diario El Mundo de España publicó que “la dirección del Metro de Madrid confirmó la existencia de amianto en dos de los modelos de tren que circulan por la red, concretamente por las líneas 1, 6 y 9”.

Un vocero de la empresa reconoció que esta sustancia cancerígena se encuentra en el recubrimiento de “un pequeño componente eléctrico” situado en la parte inferior de los vagones al cual los viajeros “no tienen acceso”, por lo que “no supone ningún peligro”.

El vocero dijo que, como sólo la manipulación de dichos dispositivos representa un riesgo, “se ha informado y formado a los trabajadores para que conozcan esa presencia y sepan cómo actuar”.
La empresa no precisó cuántas formaciones todavía en uso contienen elementos con amianto, aunque sí señala que las dos series afectadas -la 2.000 y la 5.000- “paulatinamente está siendo renovadas”.

En el departamento de Prevención de Riesgos Laborales del Sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) advirtieron que los servicios sanitarios de la Comunidad de Madrid confirmaron a final de 2017 un caso de cáncer de pulmón en un trabajador del subterráneo afectado por la exposición prolongada a este material, que fue categorizado como enfermedad profesional, lo que fue confirmado a El Mundo por la propia empresa. 

En el Metro argumentan que el uso de este componente se prohibió en 2003, y según la normativa en vigor,á‘no se tiene que quitar de las instalaciones en las que ya estaba, siempre y cuando esté en buenas condiciones de mantenimiento”.